Hoy por ti...

Ser raro es algo maravilloso cuando de un don o genialidad se trata. Empero, cuando hablamos de enfermedades es garantía de problemas y del tener que convertirse en un saltador de obstáculos burocráticos –aunque detrás de todo burócrata hay un ser humano al que se le podrían empatizar las meninges si pensase que ese alguien necesitado de un «medicamento huérfano», podría ser él o un familiar–. A la dificultad añadida de convencer a las consejerías sanitarias que aprueben su uso para un caso determinado, está el dinero. ¿Nos falta compasión o nos sobra egoísmo? A veces, ambos. No siempre se puede escoger en qué queremos ser diferentes, pero sí podemos escoger el ayudar a otros a solucionar sus problemas. No todo se puede solucionar con dinero: sana más el amor en forma de apoyo familiar o repercusión social que el propio medicamento. Estar solo frente a los problemas propina golpes bajos al sistema inmunológico. Asimismo, nuestra forma de pensar nos sana o nos enferma. A la PNL (Programación Neuro-Lingüística) le ha echado una mano el biólogo celular norteamericano Bruce Lipton, quien afirma que los pensamientos curan más que los remedios (ver su libro «La biología de la ciencia», 2006). Según sus investigaciones, a todo organismo vivo lo condicionan su entorno físico y sus «creencias», no la genética. Ergo, si estamos convencidos de algo, así será. Hay quien se convence de que se curará, y lo hace (la mente influye sobre la materia). Amor, coraje, compasión... son gratis y están dentro de cada uno de nosotros en dosis infinitas. Ya que para todo lo demás se necesita dinero, no dejemos huérfana a la compasión, y usemos nuestra mente para sanar.