Hoy te quiero más que ayer

La Razón
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Hoy mejor que ayer, pero menos que mañana. Así es como está la cosa, por mucho que TV3 se obstine en encubrir la derrota del proyecto plebiscitario y los diarios que paga Artur Mas hayan salido como si hubieran alcanzando la independencia.

El problema sigue y debemos resignarnos y aceptar que no tiene solución, ni a corto ni a medio plazo, pero ha bajado la presión y continuará descendiendo.

La respuesta de perfil bajo de Mariano Rajoy durante estos cuatro años ha sido inteligente, pero no es de recibo el inaudito silencio que guardó la noche del recuento.

Cierto es que tuvo más audiencia en televisión y seguidores en Twitter el bodrio ese de «Gran Hermano 16» que los debates electorales de LaSexta, o TVE, pero estábamos con el alma en vilo y era obligado que el presidente del Gobierno saliera a poner los puntos sobre las íes.

Era el momento de arengar a todos y de forma particular a ese nutrido contingente de españoles a los que políticos y periodistas llevan años martilleando con la falsa tesis de que los independentistas son aplastante mayoría en Cataluña.

Si algo bueno ha tenido la campaña del 27S es que los que llevaban callados tres décadas, han subido la voz y ya saben que ni son menos ni están solos.

En cualquier caso, el de Rajoy es un pecado venial comparado con el mortal de Artur Mas, quien en un alarde de caradura se apropió hasta de los votos de la CUP, la tropa antisistema, probatasuna, antiespañola y antieuropea que se ha conjurado para descabezarlo.

Al «president» se le ha puesto cara de «purísima». Por primera vez desde 1984, Esquerra y Convergència no suman mayoría absoluta. Aunque repitan que el independentismo reúne 72 escaños, hasta el estelado más entusiasta sabe que a esa cifra se llega rebañando la decena de diputados que aportan David Fernández y sus «sandalios».

Lo tiene crudo Mas renovar en el cargo y crudo se le puede poner a Pablo Iglesias de cara a las elecciones del 13 de diciembre.

El líder de Podemos concurrió a las urnas catalanas con su típica ensalada –antisistema CUP, derecho a decidir PSC y español Ciudadanos– y se ha pegado el batacazo.

Tampoco estuvieron lucidos el popular Albiol o el socialista Iceta, aunque aguantaron el tipo. El único que emerge triunfante de verdad es Albert Rivera y ahora lo que debe quitar el sueño a Rajoy es si podrá o no trasladar el éxito a las generales.