Historia

La Araucana

En los planteamientos de mis investigaciones americanistas he tenido la oportunidad de comprobar que España no se limitó a exportar al Nuevo Mundo civilización –modo de vida que crea un estilo de pensar–, sino que con la expansión del Descubrimiento y conquista se produjo una difusión de su cultura –modo de pensar y estilo de vida que corresponden a un modo de ser–. No se limitó a crear unos módulos de asimilación antropológica, sino que también produjo el ambiente en el cual se hizo posible la configuración de una mentalidad cuyo resultado fue extraer de la experiencia la conciencia acerca de la realidad del ser del hombre americano en relación con los contenidos espirituales de la conciencia del hombre y la cultura española. La aprehensión intelectual de un mundo real exige, sin duda, una condición científica, pero de ella emana un sentimiento cósmico que implica una perspectiva intelectual, capaz de otorgar al conocimiento las relaciones humanas, valores y fuerzas morales. Esto se aprecia perfectamente en la literatura hispanoamericana. En especial en la aparición de la épica que se encuentra en muchos pasajes de las crónicas con la exaltación de hazañas en tierras lejanas y distantes, que penetró con fuerza arrolladora, de modo que el tema americano enriqueció y renovó la epopeya de tanta raigambre realista en los romances, cantares de gesta y en formas genéricas literarias.

Existe una aproximación intelectual con la aparición en 1569 de la gesta de Chile, expresada por su autor Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594) en «La Araucana», cuya primera parte se publica el mismo año. Ercilla entró a servir en la Corte como paje del Príncipe Don Felipe. Nacido en Madrid, de familia noble, llegó a Perú en 1556, acompañando al Virrey Hurtado de Mendoza, que había sido nombrado para combatir la rebelión de Hernández Girón. Sofocado el levantamiento, el Virrey designó a su hijo Don García como gobernador de Chile. Alonso de Ercilla tomó parte en la expedición, cuyo fin era someter a los guerreros araucanos en la frontera meridional de América. La expedición duró dieciocho meses y es la etapa más decisiva de la experiencia americana de Alonso de Ercilla. Presenció y protagonizó hechos heroicos de alta expresión y allí concibió la idea de escribir un poema en el que ofrecería las impresiones de la lucha. «La Araucana» consta de quince cantos sobre la conquista del Arauco, que es la magna expresión poética de un acontecer humano que describe los hechos para dejar memoria a la posteridad de una campaña en la que lo heroico se eleva a alturas inigualables, verdaderamente tanto para los españoles como de manera especial en la exaltación de los araucanos, que en su resistencia inspiran al poeta.

El poema tiene una intención literariamente espontánea. Por su condición de epopeya, exaltar el episodio histórico más intenso del impulso expansivo español en América y valorar, con un fuerte sentido épico, a los héroes indígenas, colocando en un nivel de identificación semejante al español en un plano de igualdad, magnificencia y esplendor para los araucanos. El inteligente crítico literario Fernando Alegría es quien, con mayor profundidad, expone el verdadero sentido de «La Araucana» al incidir en su caracterización y afirmar: «Tiene su epopeya un héroe colectivo, que no es ni el pueblo español ni el pueblo araucano, sino los dos al mismo tiempo». Se trata de una penetrante función confluyente de dos colectivos expresados al mismo tiempo en el plano de la gloria épica; es decir, lo intimativo en la historia común española y americana en el terreno de la próspera y adversa fortuna personal del poeta; en la doble identidad de españoles y aborígenes convertidos en uno en la gloria del combate; y en el desarrollo de la lucha de los araucanos contra la cruel Fortuna, tema clave de «La Celestina» (1499), que se confirma con la muerte de Caupolicán:

«Yo soy Caupolicán, que el hado mío

Por tierra derrocó mi fundamento».

El tema alcanzó una proyección de profundas inquietudes humanas, expresada en una gradación trilógica: derrota inicial de los españoles; reacción victoriosa de éstos; y derrota final de los indígenas, con expansión hasta las regiones australes; un doble héroe colectivo aplicando la poesía heroica al canto del valor, la tenacidad en la respectiva defensa de ideales en que lo colectivo predomina sobre lo individual.

Se trata de una síntesis histórica genial de la identidad entre Naturaleza e Intimidad de significados:

«Mirábanse del uno y otro bando

en el sitio y contrario alejamiento,

cubiertos de agua y sangre y jadeando,

que no pueden hartarse del aliento:

los fatigados miembros regalando,

el pecho y boca abierta al fresco viento,

que con templados soplos respiraba

mitigando del sol la fuerza brava».