La cosa

Entre la lluvia y la crisis está la cosa como para no salir de casa. Ya sé que es bueno que llueva y todo eso, que si el campo, las flores, los ríos. Lo sé y soy la primera que se pone de buen humor cuando ve el campo verde que te quiero verde y los pantanos a rebosar, pero no me digan que lo de este año no ha sido de traca. A una le gusta quedarse en casa los domingos y ver películas bajo una mantita con calcetines de lana y tomando té caliente, sí, pero con un par de mesecitos vale y da la impresión de que lleva lloviendo desde octubre y nevando desde noviembre. Y en medio de esta temporada de patos, claro, surgen los comentarios jocosos sobre el cambio climático, anda que se está calentando el planeta, vaya tela con los científicos, a paraguazos les corría yo. En Sevilla, sin ir más lejos, esperan como agua de mayo que no caiga agua en marzo para así sacar los pasos y dejar de pensar durante unos días en la crisis. En algunos bares sevillanos, hartos de oír las fatigas que pasa la gente, se han puesto unos carteles que dicen «Prohibido hablar de la cosa»; imaginamos por tanto que lo que les faltaba a los esforzados camareros es que jarree y no salgan las cofradías. Así que a ver si hay suerte, tenemos tregua y nos ahorramos las imágenes de los cofrades sevillanos llorando como magdalenas. Hablando de Sevilla ... ¿qué fue de ese primo de Rajoy, catedrático hispalense, que sabía tanto del cambio climático? ¿No sabrá por casualidad un poquito de economía, así, p'al primo?