La difícil alternativa de Mas

La foto catalana no es una foto fija y está bien que así sea. A nadie le conviene un choque de trenes. El recurso ante el Tribunal Constitucional de la declaración soberanista del Parlament estableció unos límites claros. El Gobierno dejó sentado que no va a permitir una consulta a todas luces contraria a derecho. Pero una vez que se han marcado las fronteras jurídicas, queda un amplio terreno de juego en el que conviene que se ensayen fórmulas de acercamiento en todos los niveles. Sobre todo en la situación en la que se encuentra Mas. A juzgar por lo que ha sucedido en las últimas semanas, hay partido. El empresariado catalán no está ni mucho menos en bloque a favor de la secesión en bloque. El interesante debate que se ha producido en algunos foros económicos sobre el coste de la no España y los efectos negativos de una nueva frontera han provocado, entre muchos, una sensibilidad más favorable a algún tipo de pacto fiscal que a la independencia.

Los guiños lanzados por el ministro Montoro la semana pasada que sugerían un relajamiento del objetivo de déficit público han despertado las esperanzas en Artur Mas. ERC cada vez le pone más difíciles las cosas al president. Los republicanos le llevan a un callejón sin salida. Exigen un enfrentamiento radical y sistemático con Madrid que hace muy difícil, por no decir imposible, gobernar. De ahí el ofrecimiento que Mas ha hecho al PSC para, con su apoyo, seguir al frente de la Generalitat. Lo dramático del caso es que la respuesta de Navarro ha sido tan secesionista como la de Esquerra. Navarro quiere un compromiso por escrito para celebrar la consulta. Pide eso justo en el momento en el que importantes dirigentes de Unió, como la presidenta del Parlament, Nuria Gispert, se han mostrado dispuestos a aplazarla. ¿Qué alternativa le queda a Mas? La que siempre tuvo: renunciar a sus descabellados proyectos y acercarse al PP. ¿Imposible a estas alturas? Seguramente. Pero no por hay que cerrarle las puertas. Aquellas que quedan dentro de los límites constitucionales.