La España sedienta

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La sed aqueja a España desde hace siglos. Que la solución pasa por los trasvases fue algo que vieron Primo de Rivera, Prieto, Franco, Borrell y Aznar. Durante el segundo Gobierno de éste, se dieron los pasos necesarios para corregir un retraso secular. Entonces, el 11 de marzo de 2004, unos atentados terroristas catapultaron a ZP a La Moncloa y una de las consecuencias fue la liquidación del Plan Hidrológico Nacional. La única razón era que los nacionalistas catalanes no estaban dispuestos a tolerar un proyecto que fortaleciera la colaboración entre regiones y que además pudiera beneficiar a Valencia, Murcia y Almería. Resultaba innegable que la política de trasvases, especialmente del Ebro, constituía la única realista y viable para acabar con la sed de ciertas regiones y no lo era menos que los expertos en ingeniería hidráulica llevaban años proponiendo la interconexión de cuencas del Ebro, el Duero, el Tajo y el Segura como la solución más barata y ecológica al desequilibrio hídrico. Sin embargo, el nacionalismo catalán estaba en su labor de destrucción nacional y contaba con el respaldo de ZP. Para intentar cubrir la ignominia, el Gobierno de ZP propuso unas desaladoras ridículas que, incluso actualmente, carecen de las acometidas eléctricas y conducciones necesarias. Frente a una situación tan injusta, en 2005, se celebró una manifestación multitudinaria en Murcia. A la cabeza, sujetando la pancarta, iban Mariano Rajoy y los presidentes de Murcia y de la Comunidad Valenciana, también del PP. Tan sólo una semana antes, Rajoy había afirmado en Almería que su primera decisión al frente de un Gobierno del Partido Popular sería recuperar el Plan Hidrológico Nacional. Con inmenso pesar, debe decirse que nada de eso sucedería. De hecho, hace poco, la ministra de Agricultura sorprendía dolorosamente a un grupo de agricultores diciéndoles que se olvidaran de los trasvases y que ningún cargo relevante del PP había prometido nunca llevarlos a cabo. Ignoro si la señora ministra padece amnesia, ignorancia o una dosis de pragmatismo digna de mejores causas. Lo que sí sé –el caso de California lo ha corroborado a fondo– es que el PHN resulta imperativo para una zona de España que significa el ochenta por ciento de unas exportaciones totalmente indispensables para nuestra economía. Dado que Montoro no es el ministro del ramo, ¿sería mucho pedir que esta vez se cumplan los compromisos electorales?