La herencia de Herrera

La Razón
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La política en Castilla y León bajo el manto de Juan Vicente Herrera siempre me ha recordado el título de aquella película de Bardem, «Nunca pasa nada». Rodada hace más de medio siglo en Aranda de Duero y Peñafiel recoge, en blanco y negro, la opresiva vida de provincias, las apariencias y las miserias de puertas hacia dentro. Quizá la evocación vaya más allá del título. Pero ese tiempo ha terminado. Herrera es un tipo de verbo generoso, conocedor de su tierra y de sus gentes. Entraría en el concepto machadiano de «hombre bueno» con esa pincelada de orgullo castellano que hace de la paciencia una virtud aplazable a ratos. Lo de su marcha era una cuestión de la que se hablaba con soltura cíclica. Ahora el proceso está en la herencia. Cuando propuso antes del anuncio un mirlo blanco, el pajarito tenía varios perdigonazos. Así que informó por carta y deja lo suyo a la «repelea» democrática entre los militantes, que pueden elegir duros o caramelos. Se acabaron los «dedazos», ahora a votar y el que «más chifle capador». Uno de los dos alcaldes se quedará con el cetro. Así que la recomendación a los que tienen que elegir es que den un paseo por Salamanca y otro paseo por León. Compare y elija al mejor regidor. Yo no tengo duda. El valor de este procedimiento va más allá de la vocinglera propaganda. Herrera se ha desembarazado de lo suyo y ha abierto en canal el proceso participativo. Esto en cualquier otra formación política o pre-formación hubiera sido motivo y argumento para que nos enseñaran de manera permanente los tatuajes democráticos, para que hubieran obligado a los demás y para que se montara un plan de «regeneración» obligatoria. En el caso de Castilla y León se lleva con la discreción de quien sabe cabalgar los tiempos sin aspavientos. Ayuda poco la simplificación «tuitera» de que Mañueco es de Ferraz y Silván de Juan Vicente. Pregonar el «juego limpio» es un cuento al que siempre acudir, pero de lo que se trata es de inaugurar un proceso que tiene una primera etapa en el partido y otra en el Gobierno de Castilla y León. ¿Se mirará otro día en el espejo Juan Vicente Herrera para tomar las de Villadiego? Eso lo sabremos sin carta a Rajoy y cuando las tierras de la herencia se agrupen en la concentración parcelaria. Entonces, alguien nos podrá contar la verdad del episodio vivido por Rosa Valdeón.