La «Inoxcrom»

Mas ha firmado el decreto de convocatoria de la consulta irrealizable con una pluma estilográfica «Inoxcrom», de fabricación catalana. El decreto carece de importancia. Lo singular es el uso de la «Inoxcrom». Me apresto a explicarlo.

Tengo escrito que los resentimientos sociales nacen, en muchas ocasiones, de los pequeños detalles. Mis hermanos y quien escribe tenemos parientes que nos aborrecen desde la infancia por un agravio ajeno completamente a nuestra voluntad. En las meriendas veraniegas de San Sebastián consumíamos chocolatinas «Nestlé» o «Souchard», en tanto que nuestros allegados se endulzaban con onzas de «Louit», que era un chocolate menos apetecible. Y en el colegio, y me refiero al de nuestra infancia, El Pilar de la calle Castelló, existían dos bandos irreconciliables en las clases. El formado por los los alumnos que teníamos plumas «Parker», y el de los poseedores de la copia pobre, que eran las «Inoxcrom». Mi hermano Javier, sin duda de los mejores de mi familia, recibió de regalo de cumpleaños una «Inoxcrom», y pasó muy mala temporada. Temperamento airado, ausencia de apetito y una alarmante predisposición a convivir con la gripe. Cuando reconoció que su «Inoxcrom» no tenía nada que hacer al lado de mi «Parker 51» y se la regaló a su compañero de pupitre, recuperó su sonrisa, abandonó su anemia y no volvió a tener relación alguna con la gripe. Por supuesto que consiguió una «Parker», lo que ayudó a que desapareciera de nuestro hogar el enfrentamiento social.

Otro elemento separador, semilla insuperable de cosechas de odio y envidia, eran los mocasines «Sebago». Existían en el mercado unas imitaciones que se aproximaban, pero se adivinaba a distancia que se trataba de copias. La Marca española que se acercó más a los «Sebago» era la «Lotusse», y recuerdo el ataque de iracundia de un compañero de clase, cuando en un recreo, pateó un balón de fútbol con su pie derecho y el zapato correspondiente se abrió por la punta. «Te has cargado tu ''Lotusse''», creo memorizar que le dije, y nunca más me permitió copiarle en los exámenes escritos. El «Lotusse» era al «Sebago», lo que la «Inoxcrom» a la «Parker», el «Louit» al «Nestlé» y los polos de «Lacoste» a los que no llevaban cocodrilo sobre la tetilla izquierda. También separó a muchas familias la diferencia de calidad de las ensaimadas de «Mallorca» con las de «La Mallorquina», infinitamente peores las últimas, amén de baratas.

Desconocía que existían aún las estilográficas «Inoxcrom», y la confirmación de su existencia me ha llevado a los tiempos felices de la infancia. Tener una «Inoxcrom» era como llevar un reloj «Longines» y unos «Braslip Ocean», cuando no del «Burrito Blanco». Se iba creando en sus poseedores un rencor social de muy complicada superación. Para mí, y es un juicio de valor, que al Coletas le regalaron una «Inoxcrom» al cumplir los diez años de edad, y no va a descansar hasta quitarnos las «Parker» a todos los demás. No lo apruebo, pero puedo entender el nivel de su frustración.

Los medios de comunicación, en los últimos años, han perdido la serenidad precisa para valorar en su justa medida hechos y acontecimientos noticiables. Que Mas haya firmado el decreto de esa consulta carece de trascendencia e importancia. Que lo haya hecho con una «Inoxcrom» merece una respuesta analítica mucho más profunda que este comentario. Permanezco conmovido.