La llamada

La Razón
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Hay silencios que valen más que mil palabras, pero también hay llamadas que valen más que mil silencios. Es el caso de la de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy el otro día cuando éste iba camino de Portugal. ¡Vaya sorpresa! El presidente ni siquiera había tenido ánimo ni tiempo para felicitar por cortesía al reelegido secretario general del PSOE. Y fue entonces cuando sonó el móvil del coche en la raya de Portugal. ¡Y era él! Todo el mundo sabe que personalmente no se soportan. Políticamente están radicalmente enfrentados. Pero, como demostró la inesperada llamada, en las grandes cuestiones de Estado están condenados a entenderse. En un momento crítico de la vida nacional por culpa de la «cuestión catalana», Sánchez expresaba al presidente del Gobierno todo su apoyo contra el referéndum ilegal de Cataluña. Esto tiene especial valor en un momento de confusión de la izquierda. El compromiso socialista en esta nueva etapa y la aprobación el miércoles de los Presupuestos Generales del Estado proporcionan confianza, aseguran la continuidad de la legislatura y afianzan a Rajoy a pesar de que le estén hociqueando los tobillos los mastines de la corrupción y los perrillos falderos.

Esta llamada, que rompía mil silencios como una pedrada en el cristal, tiene otras múltiples derivaciones. Por lo pronto, fortalece la posición constitucionalista frente a los que desde Cataluña pretenden negar a los españoles su derecho a decidir sobre el futuro de España. Además, hace a Pedro Sánchez más creíble al frente del PSOE disipando algunas nieblas. El gesto le sirve también para marcar distancias, que parecen ya insalvables, con el confuso movimiento morado de Pablo Iglesias. Su sentido de Estado y su defensa de la legalidad contrastan con el peligroso juego fronterizo de los podemitas, que aparecen desnudos y cada vez más solos, rodeados si acaso de malas compañías, como se verá en la esperpéntica moción de censura. En fin, ante el congreso federal, esta llamada al presidente apacigua al sector moderado del PSOE, a los barones y a las figuras históricas del partido, malheridos en las primarias. Pero, sobre todo, alegra el corazón del gallego impasible, que podría cantar con Pedro Salinas: «¡Si me llamaras, sí, / si me llamaras! / Lo dejaría todo, / todo lo tiraría: / los precios, los catálogos, / el azul del océano en los mapas, / los días y sus noches, / los telegramas viejos...».