La piñata

Puigdemont está dispuesto a meter en la cárcel a los suyos. Desde su egocentrismo patológico pide coraje a los presos del «procés» mientras se zampa una langosta con champán. El príncipe destronado de la República Catalana de Nunca Jamás vive en Waterloo recibiendo en casa sin ofrecer bombones. Lo último es que ha pedido que le monten la piñata la semana que viene. Quiere ser investido en Bruselas por el «Consell de la República» el 18 de febrero. Todo está en manos de quienes han decidido seguirle la corriente. Puigdemont ha dinamitado institucionalmente Cataluña.

Lo decía hace unos días el ex presidente Felipe González en su primera entrevista a «El Mundo», «Cataluña está más cerca de perder la autonomía que de la independencia». Esta megalomanía destructiva de quien quiere ser Presidente de la República cuando a lo más que puede aspirar es a sentarse ante el juez Llarena es la que va a llevar a sus compañeros de viaje y a él a prisión. La experiencia que tenemos por aquí, evitamos la Venezuela de Nicolás Maduro, con las asambleas fue aquella del nacionalismo vasco, «Udalbiltza». Terminó cuando el juez Baltasar Garzón en 2003 ordenó la detención de ocho miembros y después 22 fueron a juicio. Ahora con la investigación por rebelión nos encontramos en un horizonte penal de decenas de años.

En los manuales antiguos los considerados delitos contra la patria iban los primeros, ahora no, pero mantienen su carga punitiva. Quizá alguno como el ex consejero de justicia Carles Mundó, que ahora se dedica a propagar la mentira con sulfatadora en comidas con periodistas en Madrid, pensara que el Estado de Derecho iba a silbar ante el desafío. Estuvo a punto de saltar antes de la DUI pero ahí se quedó para ver que efectivamente con la justicia no se puede jugar a los países si no está en el ordenamiento legal.

Con el 9-N Arturo el Astuto y compañía se quejaron de falta de aviso, esa excusa ya no les sirve para el destrozo de los coches de la Guardia Civil el día de la consejería de Economía ni para el 1 de octubre ni para el día de la DUI. Lo hicieron, unos están en la cárcel y siguen allí, entre otras cosas, porque Carles Puigdemont abrió el catálogo de cautelares con el «riesgo de fuga».

Si Roger Torrent no impide la canonización belga, las excursiones al Supremo se tendrán que hacer con el nuevo AVE «low cost» que presentó el ministro de la Serna.