La popularidad del Rey remonta

El empeño de Su Majestad el Rey en retomar la actividad oficial, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, parece estar dando sus frutos. Don Juan Carlos, sin precipitarse esta vez en su retorno a la vida institucional como Jefe del Estado, ha tomado de nuevo las riendas de su papel como embajador de la economía española en una zona estratégica tan influyente como es la constituida por los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.

Tras un año difícil y ya recuperado de sus recientes problemas de columna y cadera, con un aspecto saludable aunque, eso sí, sin dejar de usar su ya imprescindible bastón, el Rey da la impresión de nuevo de estar muy satisfecho de poder ejercer de valedor de las empresas españolas en sus planes de expansión en naciones cuyos fondos soberanos las hacen más que solventes. Al mismo tiempo, la presencia de Don Juan Carlos es para los sultanes y jeques que gobiernan en esos países una garantía de la solvencia de España como posible nación para invertir y para los empresarios españoles es la mejor vía de acceso para que se atiendan sus propuestas y conseguir hacer negocios allí.

Fuentes del Palacio de la Zarzuela aseguran que la plena actividad del monarca durante la última semana, cuya agenda le llevó primero a viajar a Roma y conocer al Papa Bergoglio, a presidir la jura de la nueva ministra del Gobierno español –la de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente–, Isabel García Tejerina, y a visitar durante el puente de primeros de mayo Omán y Bahrein, es una muestra de que el Rey ha vuelto a tiempo completo a su labor oficial. Con satisfacción, pero desde la prudencia destacan que Don Juan Carlos se ha recuperado ya de sus problemas de movilidad y nada le impide desarrollar normalmente su actividad, prueba de ello es que en este viaje apenas se le ha visto cansado. Estas mismas fuentes también reconocen que la opinión pública valora este regreso del Jefe del Estado a su tarea institucional, lo cual acrecienta la confianza al propio Jefe del Estado en su papel y contribuye a que haya signos de recuperación en los datos que maneja el Palacio de la Zarzuela sobre la valoración positiva de los ciudadanos sobre el Rey. Un apoyo que la población siempre ha prestado de forma mayoritaria a la Monarquía parlamentaria frente a posibles alternativas republicanas.

Sin querer caer en triunfalismos, las citadas fuentes aseguran que desde el pasado mes de marzo, en el que Don Juan Carlos asistió a las honras fúnebres del ex presidente Adolfo Suárez, al funeral en la Catedral de la Almudena en memoria de las víctimas del décimo aniversario del atentado de los trenes de Atocha y a la final de la Copa del Rey de fútbol, la tendencia en las encuestas internas de la Casa del Rey es que hay un remonte claro –después de meses de estancamiento– de su figura hacia las posiciones que tradicionalmente ha ocupado siempre entre las distintas personas que integran la Familia Real, algo que, también precisa el equipo de comunicación del Palacio de la Zarzuela, no significa que el ascenso de la valoración de Don Juan Carlos haya supuesto que otros integrantes de la institución hayan descendido, sino que han mantenido su posición. Lo que supone, por tanto, que Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y la Reina Doña Sofía siguen detentando los primeros puestos, como miembros más valorados de la Monarquía española.

No hay lugar a dudas, por tanto, de que una vez superados los problemas de movilidad que le llevaron a permanecer los últimos meses en el recinto del Palacio de la Zarzuela y dedicado al cien por cien a realizar los ejercicios de rehabilitación prescritos por el eficiente doctor Cabanelas, Don Juan Carlos se afana ahora en preparar los próximos viajes que le llevarán a completar su gira por los países cuyos mandatarios mantienen sus vínculos fraternales con el monarca español. Arabia Saudí, a mediados de mayo, y Qatar, en fecha aún por determinar, cerrarán el círculo de unas visitas cuyos resultados contribuirán a volver a situar la figura de Don Juan Carlos a los niveles de prestigio y eficacia que ha caracterizado durante tantos años a la Monarquía española.