Historia

La reforma

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Hoy, 15 de diciembre, hace 41 años los españoles votábamos en referéndum la ley para la Reforma Política. Nos estrenábamos en las urnas con libertad. Ese día, observando las largas filas en los colegios electorales, se disiparon muchas reticencias en un lado y en el otro. Por primera vez el pueblo se hacía cargo de su propia historia. Esa ley era la puerta de entrada al nuevo régimen, con la demolición del viejo, llevada a cabo por los mismos franquistas en una memorable sesión de las antiguas Cortes. Yo estuve allí y parecía un milagro. No fue fácil. Hubo fuertes resistencias. Para evitar sorpresas y conseguir que triunfara el «sí» se usaron artimañas tan poco edificantes como mandar al Caribe con dietas y gastos pagados a una veintena de procuradores y consejeros del Movimiento que presumiblemente iban a votar en contra. Pero fue un momento histórico, de los que ocurren pocas veces en la vida de un pueblo.

Con aquel primer referéndum estrenábamos la pasarela para cruzar a la otra orilla. De la dictadura, a la democracia, de forma pacífica. «De la ley a la ley», que fue la fórmula de Torcuato Fernández-Miranda (acaba de estrenarse una interesante película sobre el particular con ese mismo título). Este asturiano elegante y con retranca es un personaje clave en aquel momento de la vida nacional. Maquiavélico, ambicioso, con sentido de Estado, consejero áulico del rey Juan Carlos, acabó su vida frustrado y resentido al comprobar que su protegido Adolfo Suárez se negaba a ser un actor de reparto, no se dejaba manejar y se convertía en protagonista y en guionista de la Transición. El joven «chusquero» de Cebreros se atrevía incluso a legalizar al Partido Comunista, desoyendo sus consejos. Fernández Miranda diseñó el puente, pero no fue capaz de cruzarlo. Se quedó en medio y se lo llevó la corriente. Murió Grande de España con ducado y toisón. Lo tenía merecido.

En el régimen franquista, a falta de legitimidad, se respetaba la legalidad. Eso facilitó las cosas. La transición administrativa, llevada a cabo inmediatamente, casi en silencio, con la liquidación del Movimiento, partido único del Estado totalitario, fue tan complicada, tan exhaustiva y tan importante como la transición política. Los que sacan en procesión estos días el fantasma del franquismo no se han enterado de nada.