La Reina y la infancia

Qué bien nos deja siempre a los españoles la Reina, cuando sale fuera y da la cara por alguna causa! La última vez, este fin de semana, en Lisboa –con su luz dorada y sus calles inciertas contra el azul del cielo– al inaugurar ese esperado encuentro internacional sobre niños desaparecidos y explotados sexualmente.

Mientras haya un niño utilizado –y son más de un millón en todo el mundo y no menos de 20.000 en España–, nunca se insistirá suficientemente en que la infancia es una etapa en la que estas criaturas deben vivir sin miedo, seguras, protegidas contra los malos tratos y cualquier abuso. Pero Doña Sofía, que no da puntada sin hilo, ha planteado en la capital portuguesa algo muy necesario, que ha pasado un tanto desapercibido en España: la constitución, por parte de la Europa de la Unión y Estados Unidos –juntos, hombro con hombro en este desafío–, de unas redes implacables de protección y, sobre todo, de prevención de conductas delictivas contra menores. Una propuesta que, por venir de quien viene, lo es de España y nos engrandece hacerla, en la que se han puesto ya a trabajar los organismos internacionales, tal y como han recogido los medios de comunicación portugueses estos días.

La defensa de los más débiles es lo primero en cualquier colectividad humana. Sin esto, no hay nada. «Proteger a niños y niñas, quienes no tienen todavía ni la fuerza ni la madurez necesaria para poder defender sus derechos por sí mismos, es un imperativo con el que todos debemos sentirnos plenamente comprometidos, no sólo en nuestro sentimiento, sino también con nuestras acciones». Hace bien Doña Sofía en insistir y llamar la atención sobre estas cosas, con soberana paciencia y aún mayor insistencia.