La reunión

La Razón
La RazónLa Razón

Con frecuencia bimensual, nos reunimos veinte amigos en un comedor privado de Madrid para arreglar España, y si no hay inconveniente, parte del mundo. Hay catedráticos, académicos, médicos, escritores, ingenieros, abogados y agricultores. Veinte hombres, ninguna mujer. No por machismo o misoginia, y sí por costumbre. Tiempo habrá para subsanar la ausencia femenina. De los veinte, una abrumadora mayoría votan a lo que ahora dicen que es la derecha. Dos votos socialistas leales al PSOE de Felipe González, Francisco Vázquez y Joaquín Leguina. De los dieciocho votos conservadores, más de una decena provienen de la desaparecida UCD de Adolfo Suárez. Las cenas finalizan siempre con una votación. Uno de los dos votantes socialistas vota en blanco desde Zapatero. No se cambia de lado, pero se avergüenza del ex Presidente. El récord lo obtuvo el PP en el tramo final de la presidencia del Gobierno de la antes mencionada calamidad. Dieciocho votos a favor del PP, uno socialista y el último en blanco. Pero se ha iniciado un proceso de distanciamiento respecto al partido que hoy gobierna en España. La última reunión se celebró con posterioridad al 155 y las elecciones en Cataluña. Y de aquellos 18 votos para el PP, catorce se han pasado a Ciudadanos. El resultado se me antojó sorprendente. Ciudadanos, 14 votos, PP, 4 votos, PSOE un voto, y el blanco de siempre del disidente.

Se habla durante la cena, faltaría más. Se dice que entre Rajoy, Soraya y Montoro han achicharrado a la clase media, entretejido social fundamental en toda sociedad occidental. Que son antipáticos y de dudosa fiabilidad. Se valora del actual Gobierno a Cospedal, Zoido, Báñez y Tejerina. Méndez de Vigo es protagonista de mofas y chistes. De los cuatro votos que el PP mantiene, uno de ellos es de un exministro. Ciudadanos arrasa por Inés Arrimadas, elogiada también por el socialista disidente. Todos los comensales han superado los 60 años de edad, y sus análisis se acompañan de sosiego y buena educación.

Creo que, dentro de la tendencia liberal-conservadora, los datos son extrapolables a la sociedad. Se habla de la urgente renovación del PP. Núñez Feijóo, Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso, Isabel Bonig, y muchos jóvenes que se están batiendo el cobre en autonomías y ayuntamientos. Pero esa urgencia no preocupa en las altas esferas del Partido Popular. Rajoy está encerrado en su jaula de oro rodeado de pelotas. Soraya ha fracasado con estrépito en Cataluña pero mantiene su poder en los medios. Montoro está amortizado para siempre. Y Rajoy anuncia que se presentará de nuevo como candidato a presidir un futuro Gobierno. ¿No hay nadie en el PP que se atreva a decirle que su senda es la del retiro? Mientras tanto, Ciudadanos, que es un partido de centro-izquierda crece imparable, no tanto por sus éxitos sino apoyado en los fracasos, la indolencia, el aburrimiento y el coñazo del Gobierno actual.

Pasar, en una reunión de amigos, de 18 votos a 4, no se puede interpretar como los resultados de una encuesta. Pero es una aproximación verosímil a la realidad de la calle. El PP, cuando era AP, se nutrió de la desbandada de UCD. Y Ciudadanos ha multiplicado por tres sus expectativas electorales gracias a la decepción de millones de votantes del PP, que no ha perdido el suelo como sucedió con el partido centrista, pero se le ha precipitado algunos metros hacia abajo.

Nos volveremos a reunir en marzo. De aquí a marzo, pueden ocurrir muchas cosas en España. Nuestra reunión es, mayoritariamente, abrumadoramente, liberal y conservadora. Y confía más en Ciudadanos que en el PP. Insisto, no es una encuesta, pero sí un dato particular. Sánchez e Iglesias no cuentan. Lo del bable en Asturias ha sido muy celebrado por los propios socialistas. –Este es bobo–, ha dicho el disidente. Pero el cansancio que hoy produce el PP nada tiene de ficticio. Es abrumador.