Fernando Rayón

La triturado

La Razón
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Hay bastantes votantes del PP que no son de derechas. Simplemente les votan porque se hartan del PSOE o, mayormente, porque no encuentran otro partido que defienda sus ideas. Quizá por eso tantos votaron a Rajoy en las pasadas generales y dejaron de hacerlo en las autonómicas. Pero la gente que se dice de derechas en España no es tan diferente de la de izquierdas. Quizá les caracteriza que tienen algunas ideas a las que no quieren renunciar. Defienden, por encima de todo, la libertad: la personal: para elegir colegio a sus hijos; y la colectiva: el respeto a la vida, a la propiedad privada, a sus empresas, a los demás, aunque sean inmigrantes...

En esta precampaña en la que los partidos políticos se pelean por el voto de centro, todos quieren ser liberales y se inventan lo que sea para parecerlo, aunque a veces no pueden evitar que se les vean los tics ideológicos. Los de Ciudadanos, que están aprendiendo a hacer política, han prometido cargarse los conciertos de los colegios que discriminen por sexo –eso dicen– con lo que su idea de respetar la libertad se queda en idea y poco más. No son los únicos. Los viejos partidos también necesitan algo nuevo, y quizá por eso el PSOE ha sacado la Religión a pasear y amenaza incluso con suprimir un Concordato con la Santa Sede que ya no existe. El PNV vuelve a viejas estrategias y negocia al alimón con PSOE y PP a ver quien le promete más. Y Convergència, que lleva treinta cinco años tocando poder, ha puesto en marcha la trituradora.

La trituradora ya no es sólo un artefacto con sede en CDC que destruye documentos comprometedores: es un mecanismo mental para enfrentarse al futuro sin ataduras. Destruyes el pasado y crees que con eso puedes enfrentarte al futuro. Un espejismo, porque, gracias a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, hemos descubierto que el pasado se puede recuperar. Todo un problema para el pobre Mas que pensaba en la independencia.

Mientras tanto, la derecha casi ha cumplido cuarenta años. Ha visto morir a políticos por defender sus ideas. Conoció el terrorismo y la banalidad del mal. La incompetencia y la corrupción. El Gobierno y la oposición. Quizá por todo eso hoy sólo necesita a alguien que defienda su libertad. ¿Habrá alguien en el centro?