La verdad conveniente

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Cuando uno lleva colaborando, como es mi caso, muchos años en programas de televisión, ya conoce que cuando algunos reclaman con mucho dramatismo que un invitado –que generalmente suele ser un acusador de un personaje de primera fila–, diga la verdad, no es lo que quiere. Lo que busca es que le cuente la verdad que le interesa. El interés es que el personaje de turno salga lo peor parado que sea posible. Ayer mismo en «Espejo Público» lo viví en directo. Cómo no, el tema era «el Estado contra Pantoja». Declaraban María Navarro, representante de Isabel durante muchos años, y Teresa Pollo, amiga íntima de la artista de toda la vida. Estaba invitado Alberto Piñana, constructor, metido en todas las salsas de Marbella, incluidas las más corrompidas, que, según asegura, ha transitado por semejantes lodazales sin mancharse ni la suela de los zapatos. Piñana arremetió contra los que declaraban y llamó embusteras a las declarantes. Le pregunté el porqué de tan rotunda calificación. Respuesta: no fueron dólares lo que ingresó, eran 3.000 euros diarios durante 14 días. Esta mujer asegura que le aconsejaron en el propio banco que ingresara los 40.000 dólares procedentes de unos trabajos en América de la cantante para que no figurara ella como depositaria. Con lo que se supone que cambió los dólares y empezó esa especie de novena bancaria. Es muy posible que no sea verdad lo que cuenta Teresa, pero tampoco puede demostrarlo el acusador mediático. En el caso de la señora Navarro, aseguraba que era falso que las galas nunca se cobraran en metálico. En ese punto le acusé de mentir, porque él sabe perfectamente que en muchos casos es de esa forma como cobran los artistas y no pocos toreros: poniendo muchas veces la condición de que el pago se efectúe antes de la actuación. En las galas de los ayuntamientos, cada día más escasas, no suelen ser los municipios los que contratan. Un empresario les pasa un presupuesto, con una serie de espectáculos y una vez aprobado, el citado agente es el que contrata. Lo dicho, cuanto peor quede el personaje, mejor para la audiencia.