Las «carmenadas» y el fanatismo en Madrid

La Razón
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El voto siempre tiene consecuencias. Unas veces buenas y otras malas. La izquierda que gobierna el ayuntamiento de Madrid ha demostrado con creces su incompetencia, aunque es verdad que la alcaldesa, Manuel Carmena, tiene un aire venerable que despierta una cierta simpatía. Es más, parece que los enredos y los despropósitos son más cosa de su equipo, presuntamente impuesto, que suyos. No hay que olvidar que la juez Carmena, como todos nosotros, tiene una trayectoria y la suya es una ideología radical sustentada en su origen comunista. No es un personaje aséptico y entrañable, sino que es una comunista pura y dura, aunque de formas muy amables. Su equipo más directo, Luis Cueto y Marta Higueras, son personas solventes y preparadas, mientras que el resto es una especie de horda caótica y desordenada cuya religión es el fanatismo más radical y antisistema.

Madrid no puede estar en peores manos. No lo digo porque sean de izquierdas, ya que entonces caería en su mismo fanatismo y radicalismo, sino por los despropósitos que concatenan sin solución de continuidad. La capital de España es una institución demasiado importante para ser gestionada con tan escasa preparación y formación. Es la peor expresión de la profesionalización de la política y la irrupción de un activismo sustentado en la demagogia y el populismo. Hay mucha gente de izquierdas que merece mi respeto e incluso mi admiración por su coherencia, rigor y capacidad de gestión, pero no puedo decir lo mismo del equipo municipal y sus “carmenadas”. No sé qué parte corresponde a la alcaldesa, pero la realidad es que es la última responsable de esta campaña ideológica contra los conductores con un conjunto de medidas restrictivas que causan auténtico estupor o la peregrina idea de cerrar el centro de la capital para cumplir un proyecto que es, simplemente, delirante. Es muy característico de los pijo-progres, esos jóvenes airados de familias ricas, algunas muy ricas, que confunden sus deseos con la realidad y no les importa fastidiar a los madrileños.

La realidad es que los más afectados acaban siendo las clases trabajadoras, que no tienen los recursos de las clases altas y medias. Los que han irrumpido en el mercado laboral ocupando cargos públicos muy bien remunerados, los que vivían en el ostracismo político y una carambola les ha llevado al poder o que eran funcionarios sin muchas expectativas, ahora pueden ejercer sus responsabilidad con bastante irresponsabilidad. Lo que quieren es que los madrileños se fastidien y que abracen esta nueva ideología sustentada en las prohibiciones.

Espero que las urnas, que les permitieron sentarse en la alcaldía, les desalojen en las próximas elecciones. Los que les votaron bienintencionados que comprueben las consecuencias del fanatismo de sus elegidos. El Madrid idílico de los pijo progres, que no tenían carreras profesionales porque no creen en el mérito y el esfuerzo, no es más que una pesadilla. Hay que mejorar la calidad de vida de los madrileños y no fastidiarlos; defender el medio ambiente, pero sin las mentiras y los tópicos progres y hay que hacer grande Madrid, como toda España, pero sin esa mentalidad de miope de quien desprecia lo que desconoce porque la soberbia y la ignorancia es su religión. ¿Qué se puede esperar de Rita Maestre y sus camaradas? Desde luego, son la peor cara de Podemos y desde luego los que tienen una peor preparación.