Las que tienen que servir

La Razón
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Ay señor, cómo está el servicio. Ni Gracita Morales, eterna musa de la contradicción contemporánea, podría superar lo que le ha sucedido a este señoritoooo. No puede uno en estos tiempos confiar en la discreción de los que vienen a casa a echarte una mano, o unas pocas si hace falta. Vale que se vayan de la lengua con la Pantoja, como la niñera que denunció, y luego se arrepintió, que Julián Muñoz la acosaba sexualmente, o con alguien del PP, que se supone que anhela criados pero luego no tiene dónde caerse muerto. Con el que esto firma si quieren. Pero una persona del pueblo, un miembro o miembra de la gente, poniendo en evidencia a un político de los que berrean por su clase, que se dejaría media oreja para que cobraran sin trabajar si es preciso. ¡Eso es muy fuerte! Echenique saliendo en los papeles, no por las purgas de los disidentes sino por el asistente, fuerza viva del proletariado aragonés. Oh, cuánta miseria se esconde tras este anuncio inesperado en esta tarde de calor couché. Cuánta vileza. Pobre Pablo. Cría cuervos y te pedirán cotizar a la Seguridad Social, tener los papeles en regla. En fin. Cuando el populacho se sube a las barbas de los letraheridos comienza el terror. Y los que han votado a Podemos no querrán eso. Ya se lo decían sus enemigos y con razón: no deis tantas lecciones de moral que al final de tan buenos sois tontos y por algún agujero os pillarán haciendo novillos de ética. Tarde o temprano, los que se ponen de ejemplo ante el pueblo son cazados por su propia serpiente que incuba huevos en los lugares más inhóspitos, en la cabeza de los periodistas, por ejemplo. Luego llegan los que pagan o cobran en negro, los que se fuman un porro, incapacitados para ser presidente de Gobierno de tan ejemplares que quieren parecer. Y tan ridículos. El asistente de Echenique es la metáfora perfecta de nuestras desdichas. Pablo, uno u otro qué más da, se inventó lo mal que vivían las que tienen que servir, salud compañeras, y luego también fabuló sobre cómo rescatarlas. Rescatar a quien no quiere ser rescatado. Algo así. Podemos y también los socialistas emplean en demasía la palabra «sufrimiento» para describir el calvario de los españoles. Que vamos todos descalzos y pidiendo por la calle. Ay Buñuel, maño también, ésta es la venganza de los pobres de «Viridiana», que a la que los dejas solos te hacen la última cena y Lola Gaos te enseña el membrillo seco. «Sufrimiento» es una voz demasiado desnuda para exponerla al albur de los discursos vacuos de por las mañanas. Quien la pronuncie debe haberla padecido. Y sin embargo no tienen cara de sufrir. No percibo la marca indeleble que deja el sudario. En fin, Echenique, una vez que te han pillado, no te queda más que invocar a tus espíritus y largarte para siempre de nuestra vista cansada. Ya eres un político presbicio. Un cristal roto porque así lo habéis decidido. Sea.