Las sorpresas del CIS

La aparición de la inmigración como octavo problema para los españoles y el jarro de agua fría, más bien helada, contra el Partido Popular constituyen las dos derivadas más impactantes de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) que se conoció ayer. El paro y la corrupción ocupando el primer y segundo puesto entran dentro de lo previsible al ocupar los lugares preferentes durante los últimos años.

Respecto a lo primero, parece evidente que la crisis económica y los desastres acaecidos especialmente en las guerras del norte de África provocan un aumento de la sensibilidad en nuestra sociedad. Si a ello añadimos el riesgo de que células yihadistas pudieran introducirse en Europa –aprovechando el nomadismo obligado y multitudinario– agiganta la preocupación ciudadana. Habría que conocer si este protagonismo de la inmigración es consecuencia de un noble sentimiento humanitario o de la prevención hacia el fenómeno migratorio.

Provoca mayor sorpresa la preferencia por gobiernos de izquierdas, la aceptación del radicalismo de Podemos, Compromís y demás emergentes, la buena valoración de figuras como Ada Colau, Manuela Carmena, Joan Ribó..., y el consiguiente rechazo a equipos del PP, especialmente si se trata de conformar mayorías absolutas.

Estos aplausos han de ponerse en cuestión al haberse realizado la consulta demoscópica cuando llevaban tan sólo una semana en los gobiernos de las instituciones. Es fácil que un buen número de los encuestados se encuentren defraudados tres meses después de las elecciones.

Desde luego discrepo de aquel que pregonó algo así como que «el radicalismo es más que un partido político y, para anularlo, hay que dejarle gobernar. Es cuando los radicales no sabrán cumplir sus programas y cometerán errores más grandes que los que criticaron». Pero la democracia es la democracia. Así es la vida.