Las tres salidas

La Razón
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Casi nada es lo que parece. A pesar del aparente desencuentro o incompatibilidad tras la presentación del plan de Pablo Iglesias, socialistas y podemitas negocian bajo cuerda a calzón quitado, con la esperanza de que en estas dos semanas que faltan se limen las diferencias, que ahora parecen abismales. Pedro Sánchez está decidido a echarse ciegamente en brazos de ese encantador de serpientes con coleta que es Iglesias, digan lo que digan los «barones» del partido. Si consigue aposentarse en La Moncloa impidiendo un Gobierno del PP, todos en el PSOE le aplaudirán, empezando por Susana Díaz. Alcanzado el poder, que es de lo que se trata, después ya se verá. Ésta sigue siendo la primera salida al laberinto en que nos encontramos, la más verosímil de todas aún y seguramente la peor. Para ello Sánchez buscará apoyo hasta debajo de las piedras.

La segunda salida presupone que el juego de papeles de Podemos no va en serio y sólo busca repetir las elecciones. El fracaso de Sánchez en la investidura, que significaría de paso el fin de su carrera política, podría dar pie a la gran coalición, con la reactivación de la «Operación Menina» o con el encargo de formar Gobierno a una persona de prestigio, como el socialista Javier Solana, que está desde el principio en muchas quinielas y que sería muy bien acogido en Europa, en Washington y por los mercados. Tampoco sería un disparate que el encargado fuera Albert Rivera, de Ciudadanos, dada su vocación aglutinadora. Esta gran operación de Estado exigiría, por supuesto, que Mariano Rajoy, lo mismo que Pedro Sánchez, se echaran a un lado. El hecho de que en estos momentos le haya estallado a Rajoy en los pies la traca de la corrupción del Partido Popular, en una acción perfectamente sincronizada y demoledora, y la «bomba Aguirre» le impiden, en opinión de muchos dentro y fuera de su partido, encabezar él ese gran Gobierno ni probablemente ser el artífice de la necesaria regeneración de su partido.

La tercera salida es la más obvia de todas, visto el encanallamiento en que nos encontramos, que bloquea las dos salidas anteriores, o pone fuertes impedimentos delante de la puerta: la repetición de las elecciones. Esto supone la prolongación de la inestabilidad política en un momento cargado de complicaciones, sin tener la seguridad de que las urnas desbloquearán la endemoniada situación. En todo caso, esto aconsejaría también a populares y socialistas renovar sus respectivos carteles electorales, para poder soñar con salir de la corrupción, la incomprensión y el laberinto. Los cuatro partidos, aunque lo disimulen, están ya en campaña electoral por si acaso.