Los frutos del realismo

El PSOE no levanta cabeza. Es uno de los datos más sorprendentes del último barómetro del CIS, según el cual el Partido Popular amplía su distancia con respecto a los socialistas. Es muy poco, tan sólo dos décimas, pero ahí está la ventaja... en un sondeo realizado antes de que Arias Cañete fuera designado candidato y antes de que se supiera el dato de la creación de empleo del pasado mes de abril.

Sin duda el PSOE tiene un problema con su candidata, que ofrece muy poca credibilidad y ninguna confianza. Pero también lo tiene con una posición general que le ha llevado a ser incapaz de rentabilizar estos años tan duros. Rubalcaba se ha permitido hablar una y otra vez de sufrimiento. Pues bien, por lo visto los que sufren no confían en el PSOE para dejar de sufrir. Más bien al contrario.

A partir de ahora, el problema de los socialistas puede ser ir en aumento. Elena Valenciano, modelo de candidata sin argumento ni discurso, tendrá que enfrentarse a otro que genera confianza, con una impecable ejecutoria europea y nacional, y sin miedo a hablar claro ante un electorado que necesita como nunca hechos, información, ideas, un horizonte. Y los hechos demuestran que hemos entrado en un ciclo de crecimiento de intensidad excepcional. Esto penalizará sin remedio a todos aquellos que se han negado a colaborar, aunque fuera críticamente, en la elaboración de una política que sabían necesaria. Ahora todo sería muy distinto si el PSOE, como ha pasado en otros países, hubiera estado dispuesto a llegar a acuerdos sobre los asuntos más difíciles. El PP estaba dispuesto a aceptarlo. En una democracia madura, como la española, las falsedades y el infantilismo se pagan muy caros.

El Gobierno, por su parte, nunca ha adoptado un tono triunfalista. Más bien al revés. Rajoy y sus ministros, así como el Partido Popular, han extremado la prudencia, algo que se les ha reprochado en muchas ocasiones. Ahora bien, la dificultad ha sido máxima y nada garantizaba el éxito de las reformas. En un contexto internacional muy complejo y con una oposición dispuesta a sabotear cualquier medida, la prudencia era más necesaria que nunca. Ha hecho más evidente, en contra de lo que se ha dicho, la valentía de un gobierno que ha sabido aguantar la avalancha de críticas sabiendo que estaba haciendo lo único que se podía hacer. En el fondo, ha sido una declaración de confianza en los españoles.

No es el momento de cantar victoria, aunque está bien que el presidente del Gobierno se felicite de lo conseguido y el candidato europeo destaque los avances. La actitud del Gobierno –admirable– permite prever que no va a ser así. Estos mismos avances permitirán a partir de ahora continuar, ampliar y profundizar las reformas emprendidas. Los españoles empiezan a notar el efecto de estas políticas. No es retórica, como la que en gobiernos anteriores escuchamos tantas veces y como el PP pudo estar tentado de hacer. Es la realidad, demostrada con hechos que han requerido un gigantesco esfuerzo de la sociedad española.