Madrid, Madrid, Madrid...

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La federación socialista madrileña, tradicionalmente, ha tenido fama de conflictiva. Se han hecho famosas anécdotas, probablemente más inventadas que reales, como aquélla en la que el socialista Josep María Triginer, consejero de Josep Tarradellas, excusó su asistencia a una reunión del Consell de Govern alegando una crisis en la FSM; Tarradellas le respondió: «Si es por eso, no hace falta que vaya usted. Los socialistas de Madrid están en crisis desde 1931».

Curiosamente, el esperpento y el estereotipo ha caído, en exclusiva, sobre los socialistas madrileños y nunca nadie se ha adentrado en el terreno de las causas de tales crisis, ni tampoco se ha puesto el foco en otras organizaciones políticas.

No hay más que repasar los periodos de gobierno del sr. Alberto Ruiz-Gallardón y, sobre todo, de la sra. Esperanza Aguirre, para verificar que los enfrentamientos con la dirección nacional son enconados y acaban siempre saldándose con fracturas y divisiones en todas las organizaciones madrileñas y no sólo en el Partido Socialista. Hay algunos que ni siquiera han esperado a su consolidación política como partido. Podemos, en marzo, vivió una crisis con la destitución, a manos el sr. Pablo Iglesias, de su número dos por Madrid debido a su proximidad política con el sr. Íñigo Errejón. La guerra continuó en julio con el intento de relevar en la Asamblea de Madrid al portavoz de Podemos, el sr. José Manuel López, un errejonista de pro. Y se ha reavivado estos días con la crisis generada por el control político de Podemos-Madrid entre los partidarios de uno y otro líder nacional. La conclusión es clara: no es que la política en Madrid y sus actores estén endemoniados, es que las batallas nacionales se juegan siempre en Madrid, para perjuicio de los madrileños. Madrid es Corte y Villa y eso le confiere un carácter especial. Pero la razón fundamental que mueve a los líderes nacionales a participar en los desastres orgánicos madrileños es que entienden que es necesaria para su propia supervivencia y que no deben tener sombras. Ocurre que la que proyecta el sol madrileño es la más alargada de España.

Entre tanto, los problemas de los madrileños no encuentran solución en la crispada política local. Las noticias que se generan son de luchas de poder internas, pero la gente sigue padeciendo el desempleo y la falta de vivienda o de limpieza en las calles.

El PP gobierna la región con una presidenta más preocupada de afianzarse dentro que fuera, que espera con calma a que haya una oportunidad en política nacional suficientemente atractiva.

La capital la gobierna Podemos con medidas tan discrecionales e ininteligibles como, por ejemplo, cuando regulariza la situación de 80 okupas de viviendas de la empresa municipal y, al tiempo, permite que echen a vecinos de viviendas de la propia empresa municipal, que pagan religiosamente cantidades muy elevadas al fondo buitre que las compró en la época de la sra. Ana Botella, como es el caso de la presidenta de la asociación de afectados. Y el PSOE ni está ni se le espera, pero, eso sí, se ha convertido en un instrumento mucho más cómodo y permite a la dirección de la calle Ferraz dedicarse a acallar cualquier crítica que venga de cualquier territorio del país, da igual si con ello se erosiona a un presidente autonómico. El panorama político es realmente desalentador: personajes que se resisten a darse cuenta de que se acabó su tiempo de gloria y poder, como la ex alcaldesa de Valencia o la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, otros, que han decidido que haya terceras elecciones para seguir en su sillón, aunque sea pendiendo de un hilo, y también aquellos que sin haber llegado a nada ya andan en luchas intestinas.

El PSOE está perdiendo un tiempo histórico y precioso, podía haber obligado a rectificar en asuntos como la reforma laboral, la ley mordaza o la política fiscal, pero no parece ser la prioridad.

También, en lugar de simular diálogos imposibles y falaces con Podemos, que se está resquebrajando porque ha heredado lo peor de los partidos, podría tender la mano y abrir sus puertas a los pocos o muchos que no comparten las formas ni el fondo del sr. Pablo Iglesias. Justo donde había que explorar no se ha hecho nada.

En fin, ya conocen la letra del chotis: «Madrid, Madrid, Madrid/ en México se piensa mucho en ti, y en Ferraz y en Génova...»