María José Navarro

Mandangas

Vaya por delante que a mí las motos me aburren una barbaridad y que, en todo caso y con una pistola en la sien, optaría por Valentino Rossi. Un poco harta de la hegemonía hispana y de que siempre gane el mismo, de pronto, zas, salta una de esas noticias que te colocan en la realidad como si te hubieran pegado con un rodaballo en la cara. Marc Márquez pretendía establecer su residencia en Andorra, amigos, y le hemos pillado con el carrito del helado. La criatura no ha tenido más remedio que comparecer para explicarnos este desliz feo y mezquino donde los haya y lo ha hecho entre lágrimas. Una, que no espera nada del chisgarabís de Lorenzo y mucho menos del soso de Pedrosa, se ha visto de pronto defraudada por un chaval que parecía protagonizar las ilusiones que nos van quedando, los orgullos prójimos, la confianza en que no todo está perdido y en que aún queda gente íntegra y responsable. Pues tampoco. Así que a Márquez le han caído dobladas por todos los lados y a mí me parece estupendamente. Quizá alguno de Vds. piense que se nos ha ido la mano, que no es para tanto, que hasta el mejor escriba tiene en su haber un borrón y que no hay nadie libre para tirar la primera piedra. Y ése es esencialmente el problema, que aquí no se ve mal defraudar a Hacienda o tratar de hacerle la trece catorce en plan clan Pujol. Márquez ha dicho que hasta el año que viene paga aquí y del futuro no ha contado nada. A mí el ánimo para él, lástima, no me llega a dos mil quince.