Misterios por desvelar

Da lástima comprobar cómo el Banco de Valencia va diluyéndose cual azucarillo por obra y gracia de la desidia política, económica y social nuestra. Qué pena ver cómo, sin que nadie haya movido un dedo, desaparece algo más que una marca, un símbolo del sistema financiero valenciano. Ni siquiera cuarenta sucursales quedarán de toda un red emblemática.

¿Por qué ha sucedido todo esto? Por razones muy variadas. Desde la gestión deficiente, especialmente desde que comenzó la crisis económica hasta la displicencia del poder político y financiero hacia lo valenciano.

Si no, que alguien responda a las preguntas que se hace mi amigo Rogelio. Si en un determinado momento, ya con las dificultades aparecidas, el Banco hubiera podido salvarse con una inyección inferior a los 2.000 millones de euros y no lo hicieron -ni siquiera lo reivindicaron- ¿por qué ahora deciden sacarlo a flote con una aportación de casi 6.000 millones? o ¿por qué se vende por un euro incluyendo a Aguas de Valencia, cuando está empresa supera millonariamente esa cifra? Difícil de entender.

A lo peor, alguien desvela algún día las vicisitudes de toda esta operación. Así es la vida.