Navidad 2017

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Navidad es volver a la infancia, aunque la encontremos poblada de ausencias, o precisamente por eso.

Navidad es desear felicidad a todo el mundo, aunque lleve razón Hölderlin y, cuando la dicha está al alcance del hombre y se la trae Dios en persona, no la reconoce.

Navidad es volver a casa y encontrar refugio en la familia, aunque en la cena familiar haya largos silencios y nada sea ya tan reconocible.

Navidad es vivir bajo el nivel 4 de alerta antiterrorista, comprobando que, después de 2017 años, no hay aún paz en la Tierra, ni siquiera en Belén, aunque la pregonaran los ángeles aquella noche para sorpresa de los pastores.

Navidad es sentir vergüenza y rabia viendo que en Cataluña la política mal entendida divide a las familias y a los amigos en fechas tan señaladas.

Navidad es sentir el frío y el desamparo de los niños desterrados en los campos de refugiados y de los ancianos supervivientes, lejos de su casa, entre alambradas, muertos de frío y ya sin esperanza.

Navidad es bracear en el Mediterráneo en medio de la tormenta con los náufragos que huyen del hambre y de la guerra.

Navidad es salir en ayuda de la mujer maltratada, puede que en la misma cena de Nochebuena o de fin de año, por su compañero borracho o comido de los celos. Que el matrimonio sin cariño engendra monstruos.

Navidad es repartir la cena a los pobres en el comedor de Cáritas o del padre Ángel sabiendo que sólo los pobres saben que son pobres.

Navidad es no tener vergüenza de cantar villancicos y de poner el belén en la entrada de casa.

Navidad es estar cerca del familiar enfermo y sentir el dolor inquietante de la quimioterapia.

Navidad, en fin, es escaparse al pueblo –en el pueblo está la virtud– y volver a encender, después de tantos años apagada, la lumbre en la cocina, como si todos los ausentes volvieran esa noche. Llámenle a esto amor o como quieran.

¡Feliz Navidad a todos!