Opinión

Ojalá me equivoque

El debate de anteanoche resultó interesante pese a su disuasorio e inadecuado horario (acabó a la 1 de la madrugada de un día laborable), pero lo fue más por lo que en él se calló que por lo que se afirmó. Creo que a estas alturas resulta inaplazable una modificación de la Ley Electoral para regular estos debates, evitando que –como ayer– el representante del partido del Gobierno decida su formato, fecha y horario de celebración. Pienso también que se deberían mantener dos, a modo de ida y vuelta, para poder precisar en los días subsiguientes aquellos temas que en el primer debate no hayan quedado lo suficientemente claros, a juicio de los candidatos, la opinión pública y los medios de comunicación.

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En este momento, este segundo debate sería muy oportuno a fin de aclarar la política de pactos para formar gobierno, algo inexcusable teniendo en cuenta la experiencia de las últimas tres elecciones. Es un derecho de los votantes saber si Sánchez está dispuesto a volver a ser investido Presidente del Gobierno con los partidos que quieren destruir España, y que ahora alientan una insurrección general en Cataluña, tras haber comentado que volverían a hacerlo pese a que esto les llevó a prisión. Salvo que sume la alternativa, la negativa de Sánchez a pronunciarse y los antecedentes –esos votos que le condujeron a La Moncloa– indican claramente su voluntad, para desgracia de España y de los españoles. Y ojalá me equivoque.