Órdago valenciano

El que no corre, vuela. Aquí y en todas partes. Si no que se lo pregunten al presidente de la Generalitat (la valenciana, no la catalana), quien está dispuesto a aprovechar cualquier descuido de su homólogo norteño, Artur Mas, para arrimar el ascua empresarial y económica a la sardina de su Comunidad.

A la vista de la aventurada carrera secesionista emprendida por el Govern, Alberto Fabra ha lanzado su oferta para recibir a cuantas empresas discrepen de la utopía independentista. Les pone a su disposición, a coste cero, la nada desdeñable cifra de cuatro millones de metros cuadrados de suelo industrial público. Eso sí, siempre dispuestas a crear empleo.

La crisis ha azotado especialmente a la Comunidad Valenciana, aunque no presentaría cifras tan altas si los Gobiernos le hubieran dado la financiación por habitante equiparable a la media española. De ahí que Fabra esté empeñado en buscar ideas para modificar tan borrascoso rumbo. Era Einstein quien bendecía la crisis como fuente de la creatividad, la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. «La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia, la pereza para encontrar salidas y soluciones».

Es difícil que la invitación tenga un «efecto llamada» determinante, porque los sueños de Mas están condenados al fracaso, pero quién sabe las consecuencias de una política de seguridad respecto a la UE ofrecida por el presidente valenciano y las de otra errática con objetivos imposibles. Aplauso para aquél. Su propuesta carece de riesgo –lo peor que puede pasar, quedarse como está–. La de Mas, a raudales. Así es la vida.