Perros románticos

Me conmueven de forma brutal las fotos de perros heridos y abandonados. Las redes sociales están llenas de reclamos donde se muestra a los animalitos que buscan ser adoptados. Yo no puedo ni mirarlos. Me pongo mala. Me desespera pensar que esos inocentes están ahí, enjaulados, esperando a que alguien las recoja. ¿Han visitado alguna vez una perrera? Los canes te miran, te lamen, te gimen... Buscan amor – palabra horrible– como el que busca madre. Me desespera saber que hay personas que, después de un tiempo conviviendo con su perro, son capaces de dejarlo tirado en un parque o una carretera. No me cabe en el alma. Me desespera pensar que estamos en un país que todavía no protege a los animales como se merecen, que no sanciona como se merecen a aquellos que los abandonan, hieren o matan porque sí, porque no tienen sensibilidad ni respeto a la vida. Ayer leía las historia del perro boliviano que lleva cinco años en la esquina en la que murió de accidente de moto su compañero humano, esperándolo. El perro estaba allí y lo vio todo. Desde ese momento nadie ha conseguido darle otro hogar. Se escapa y vuelve a la esquina a esperar a su amigo, y cada vez que pasa una motocicleta chilla y gime como loco pensado que puede ser él. Qué lealtad, qué amor más esperanzado. Ese romanticismo ya no se da entre humanos. Los humanos hemos perdido la confianza y cuando alguien amado se va de nuestra vida, lo único que buscamos es pasar el duelo lo antes posible. Hoy en día no sabemos esperar. Románticos, como los perros, ya no podremos ser. Pero ojalá lleguemos a ser tan civilizados.