Política

Fernando de Haro

Propaganda

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Propaganda larazon

Guillermo Fernández Vara ya sabía lo que iba a suceder. Sabía que los tres diputados de IU y los dos del regionalista Prex-Crex iban a rechazar su moción de censura.

El líder de los socialistas no se ha molestado ni siquiera en abrir una ronda de consultas. Es perfectamente consciente de que ha llovido mucho desde aquellas conversaciones que tuvo en 2011 con Pablo Escolar, el líder de IU, para propiciar un cambio de presidente a mitad de legislatura. En esa época Escolar tuvo que enfrentarse a la dirección federal de Cayo Lara para permitir que gobernara Monago. Pero ahora hasta el coordinador federal de IU apoya a Escolar en su rechazo a las pretensiones de Vara.

La reacción de IU ha sido lógica: la jugada es demasiado evidente. Fernández Vara ha actuado coordinado con Ferraz. Su objetivo es lograr un simple acto de propaganda. Se trata de animar el banquillo, de empezar a calentar en la banda a once meses de las próximas autonómicas y en plena campaña electoral para las europeas. En la Ejecutiva Regional de los socialistas extremeños de final de abril empujaron a Vara a dar el paso para despertar a las agrupaciones locales, para conseguir protagonismo en los medios, para mover el «cotarro».

Para esto es para lo que se han utilizado las mociones de censura más sonadas en España, para promover a los candidatos de la oposición. Pero se ha hecho en contra del espíritu constitucional. Ése fue el objetivo de Felipe González en 1980 y de Antonio Hernández Mancha en el 87. Los dos conocían de antemano el resultado. Nuestra Carta Magna en su artículo 113 deja claro, sin embargo, que la moción de censura es una iniciativa constructiva.

A Fernández Vara las prisas le pueden salir caras porque, según las encuestas, un 60 por ciento de los votantes extremeños están en contra de su intención de derribar a Monago. Una pena porque Guillermo es de lo más razonable que tiene en este momento el PSOE.