Que alguien le ilumine

Visto lo visto, cualquier día una reunión como la de ayer, de Artur Mas con los representantes de los cinco partidos favorables al «derecho a decidir» no acabará sin acuerdo, sino como la procesión del Rosario de la Aurora de mi pueblo, a farolazos. Tengo la impresión de que el presidente de la Generalitat catalana se encuentra enterrado y, en su afán por salir a la superficie, no ha percibido su posición decúbito prono, boca abajo. Escarba, escarba y va alejándose del aire. Favor de avisarle, que alguien con influencia le ilumine.

Tremenda dureza contar para la batalla con huestes de 62 diputados, montarse en su Babieca, agarrar la Tizona y prever su zurrón repleto de cabelleras infieles y, acto seguido, encontrarse desmontado y abatido por su corcel encabritado, la espada en mil pedazos y el Bellido Dolfos de turno carcajeándose a su lado. Tras semejante desastre, es comprensible confundirse por su mal fario, pero alguien que pretende conducir a su pueblo hacia el desarrollo, no puede permitirse aventuras imposibles ni ver gigantes en los molinos de viento ni soñar con Barataria. Si se empeña, puede acabar secándosele el cerebro. Fracaso en fracaso hasta la derrota final, hasta tal punto que ni siquiera debería echar en saco roto la predisposición del ex conseller de Territori, Lluís Recorder, que en una aparición fulgurante no le ha hecho ascos ni a la convocatoria de nuevas elecciones ni a suceder a Artur Mas como candidato. Casi nada cuando éste apenas ha iniciado la singladura.

Mención aparte merece el socialismo. ¿Qué hace en esas reuniones el PSOE por más que se disfrace de PSC? ¿No piensan en que configuran la alternativa en la gobernación de España? ¿Cómo pueden pensar en un acuerdo con quienes están dispuestos a vulnerar la Constitución, no respetar las leyes y ciscarse en lo que haga falta si impide sus fantasías? Así es la vida.