¡Que viene Sánchez!

Están la mayor parte de los barones del PSOE, los que no son partidarios, preocupados por «lo de Sánchez». Andan temerosos de que los militantes socialistas den su apoyo al que fuera su secretario general, que estos días parece un torero de postín en agosto, de ciudad en ciudad. Susana Díaz, Emiliano García-Page o el extremeño Vara, los tres con mando en plaza –porque para eso son presidentes de sus respectivas comunidades autónomas y también porque sus federaciones son muy potentes–, no ocultan en privado, y algunos en público, que la victoria de Sanchez el próximo mes de mayo sería una auténtica catástrofe y pondría en grave riesgo al partido. Supongo que el actual responsable de la gestora, el presidente asturiano, Javier Fernández, será de idéntico parecer. Vamos, que todos ellos y muchos de los que han «pintado» algo en este grupo político durante las últimas décadas se encuentran en un sinvivir ante el divorcio entre una parte de las bases y sus dirigentes. Para no ahondar más en la división, está descartado que se vaya a producir el apoyo socialista a los Presupuestos del Estado 2017 preparados por el Gobierno del PP. Mientras tanto, los socialistas de aquí, aunque enfrascados en lo «suyo», no pierden de vista lo que sucede con sus correligionarios en Francia. Salvo sorpresas de última hora, estos van a pintar muy poco en las próximas elecciones presidenciales galas, porque figuran a la cola en las encuestas que se publican sobre la intención de voto. Hollande ha dejado aquello como un solar. Es una prueba más de que la socialdemocracia de una buena parte de Europa (Francia, Reino Unido o España) se encuentra sumida en una grave crisis de identidad, de la que no sabe muy bien cómo salir. Su única esperanza pasa por Alemania y su candidato Martin Schulz, hasta hace poco presidente del Parlamento Europeo, que, por cierto, tiene muy poco que ver con nuestro Pedro Sánchez. Como decía un destacado barón socialista, «el problema no es que venga Sánchez, sino que llegue».