Rajoy deja a Sánchez en el infierno

La Razón
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La mera comprobación del «cabreo» cogido por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, al conocer que Mariano Rajoy declinaba presentarse a la investidura, demuestra no sólo su acierto sino también la falsedad que encerraba el empeño del socialista en que el presidente del Gobierno acudiera el primero a proponerse para continuar en La Moncloa. Con su viraje, ha hecho bueno aquello de «la persona sabia consigue ventajas de su enemigo».

El incontenido enfado de Sánchez y su equipo revela cuántas esperanzas había depositado en las dos sesiones de investidura que, además de resultar fallidas, servirían de escenario para apabullar, denigrar y condenar al candidato popular y al PP. La mala imagen con la que saldrían de allí, facilitaría una mejor aceptación del pretendido pacto «contra natura» por parte de los barones socialistas, de su Comité Federal y de una parte de la sociedad que, en condiciones normales, rechazaría absolutamente un acuerdo con separatistas, independentistas, comunistas radicales, chavistas y demás amalgamas de siglas, unas que persiguen el control total del Estado y otras la desmembración de España. O las dos a la vez.

Sorprende hasta alucinar, que Sánchez y su ejecutiva afirmaran el sábado en su comunicado de frustración que Rajoy debía cumplir el «mandato constitucional» de presentarse, cuando en modo alguno la Carta Magna obliga a ello. En su artículo 90.1 «...el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno». ¿Dónde señala que deberá proponer al candidato del partido más votado? En ningún sitio. Lo dicho. Rajoy debe estar regodeándose al ver a Sánchez con las vergüenzas al aire y con demasiada gente mostrando el pulgar hacia abajo. Así es la vida.