Rauxa institucional

Lo sucedido esta semana en el Parlament no es un episodio más del despropósito institucional que lleva instalado ya demasiado tiempo en Cataluña.

Conocemos los hechos y su detonante, nunca mejor dicho: la prisión incondicional, incomunicada y sin fianza dictada por el juez tras la investigación realizada por la Guardia Civil, para siete individuos pertenecientes a los denominados CDR, por presuntos delitos de pertenencia a organización terrorista, fabricación y tenencia de explosivos, y conspiración para causar estragos. La respuesta del Sr. Torra y de los partidos de su gobierno más la CUP, ha sido arremeter contra el juez y la Guardia Civil, e instar nada menos que a la desobediencia civil desde el Parlament.

Sé que la situación es demasiado delicada para tomar decisiones en caliente, pero no será posible que las cosas vuelvan al cauce de la normalidad estatutaria del que nunca debieron salir, mientras el foco de la desestabilización y agitación se encuentre instalado en la máxima institución de autogobierno.

Hasta que los partidos comprometidos con la defensa de la Constitución no tengan la convicción de que, o se acaba con la insurrección, o la insurrección acabará con la Constitución, esto irá a más, y a peor. El nuevo gobierno que se forme tras el 10-N, debe tener clara para España esta prioridad. La imagen de división y debilidad envalentona a los insurrectos. No olvidemos las lecciones que la rauxa independentista ha provocado a lo largo de nuestra Historia.