Revisar todo el PSOE

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«El edificio del PSOE está muy dañado, nos queda el solar». Tal reflexión de fondo fue exteriorizada por Javier Fernández. Lógicamente, su franqueza, la dureza del cuadro interiorista que pintó, sin aplicar paños calientes al diagnóstico, provocó una sacudida en las filas socialistas. Los diputados y senadores que le escuchaban en directo se quedaron sin aliento al oír al presidente de la gestora. Llegó a comparar la situación actual del partido con la posterior a 1939. «Después de la Guerra Civil, el PSOE salió roto», dijo. El máximo responsable provisional de la formación llevaba mucho tiempo dando vueltas a tan cruda realidad. Así me lo asegura una de sus personas cercanas. Han sido muchas horas de análisis y de asombrarse con los suyos y con un Pedro Sánchez capaz de llevar su desafío más allá de lo razonable. Tanto como para desdeñar la matemática parlamentaria y la razón política y colocar al partido ante las nuevas elecciones del 26-J, que hicieron saltar definitivamente por los aires el edificio socialista a medida que el recuento de votos constató que los populares pasaban de 123 escaños a 137, mientras los socialistas menguaban en seis meses desde el ridículo de 90 diputados de diciembre a la inmolación de los 85 de junio.

Fernández deseaba dejar las cosas claras. Y hacerlo sobre todo contra los empeñados en mantenella y no enmendalla: los que se empecinan en negar la realidad y todavía ahora actúan como si fuese posible una alternativa a un gobierno del PP. Porque el presidente de la gestora tiene meridianamente claro ya desde diciembre que esto no es así. Que la disyuntiva pasa otra vez por abstención o elecciones. Y que, de una u otra forma, en cualquier caso gana Mariano Rajoy. «Rajoy ahora o más Rajoy dentro de tres meses», en palabras del diputado del PSC Manuel Cruz. El resto, juegos florales. La crudeza del asturiano pudo sonar mal, hasta muy mal, entre los suyos, claro. Levantó suspicacias incluso entre los oficialistas. «Algo de luz en el solar hubiera sido de agradecer», reconocía una diputada ahora recuperada del ostracismo pedrista. Con el partido en fuera de juego, hecho trizas, y las bases enardecidas, la gestora se tomó con otro ánimo las diatribas de Fernández.

Pero la crisis es tan profunda que sólo podrá combatirse asumiendo su gravedad. Para el núcleo susanista el presidente de Asturias ha empezado a poner orden en el «descontrol» socialista, y además ansía que «todos reaccionemos» y «nos trabajemos un futuro cargado de sangre, sudor y lágrimas». No hay otro camino que pensar en una reconstrucción de la organización que aborde en toda su dimensión la ruina del bienio de Sánchez. Tanto como para que Patxi López mantuviese este pasado jueves en el patio del Congreso, a la vista de todos, una acalorada charla con César Luena. Mientras, los seguidores de Sánchez han menguado hasta la mínima expresión. Fuentes socialistas cuentan en este sentido que si la independiente Margarita Robles mantiene el fuerte pedrista es meramente «por razones de lealtad», igual que una muy «depre» Susana Sumelzo. En lo que sí parece reinar el consenso, al menos entre sus mandatarios, es en repartir culpabilidades. «La culpa de estar como estamos es de todos», me comenta un miembro de la dirección del Grupo Socialista. Oficialistas y críticos tienen claro que cada uno de ellos ha tenido su parte de responsabilidad. «Aquí nadie está libre de culpa, pues quien no llevase las riendas, miraba para otro lado», apunta esa fuente. Lo preocupante es que la parte más aguda de la crisis del PSOE no ha hecho más que empezar. Porque ahora sí tiene afianzado electoralmente un competidor a su izquierda, Podemos, que de mantener el apoyo mostrado en las urnas le pondrá muy difícil recuperar el Gobierno en un país sociológicamente de izquierdas. De ahí que en el PSOE surjan cada vez más voces que buscan arrinconar a los de Pablo Iglesias en el terreno ideológico del populismo ultra.

Y son muchos en el PSOE los que tienen claro que para volver a hacer del socialismo una fuente de poder deben renovar liderazgo e ideas (se está hablando ya de revisar los estatutos, madurar las primarias, hacer un «aggiornamento» de los principios y reconsiderar incluso la senda federal por la que han transitado, según algunos, con excesiva imprudencia) para «abrirse de par en par» a la sociedad. Lo que va a ser un proceso necesariamente largo. Probablemente, de varios años. Desde esa perspectiva, tocaría orillar la concepción sectaria y egoísta que tiene como leit motiv aislar al centro derecha, y por el contrario servirse de la debilidad parlamentaria de Rajoy para liderar las reformas que necesita el país. Existe ahora mismo división de opiniones en el seno del PSOE. Unos quieren pasar del Gobierno en funciones a otro inestable apedreado por una oposición en conflicto permanente. Otros, en cambio, aspiran a hacer una oposición distinta: firme, por supuesto, pero también coherente y de más recorrido, para forzar una legislatura de grandes pactos. Es decir, el socialismo deberá elegir pronto si lo que desea es podemizarse o marcar su rumbo con la idea firme en el horizonte de volver a ser la alternativa responsable de izquierda alejada de la bulla del radicalismo populista.