Robo de «alta velocidad»

El nuevo caso de corrupción que se cierne sobre las obras del Ave Madrid-Barcelona vuelve a poner el dedo sobre la llaga del robo que desde el «anonimato» de lo público se ha venido acometiendo sobre los ciudadanos de a pie que somos, al fin y al cabo, quienes sufragamos con nuestros impuestos los costes y sobrecostes que terminan en los bolsillos de unos cuantos listos convencidos de que en las matemáticas, lo interesante es «el resto». El presunto desvío de 2.144 millones de euros en uno de los más de dos mil proyectos que llegaron a conformar la megalítica obra ha desatado una operación policial que debería tener un desenlace ejemplar.

Que este escándalo haya explotado seis años después de la inauguración del AVE vuelve a darnos una idea de lo que tardan en detectarse este tipo de delitos, de lo tardos de reflejos que andan los organismos encargados de supervisar las cuentas colectivas y del amplísimo margen de maniobra que tienen quienes, como dijo Carmen Calvo en sus días de ministerio, consideran que el dinero público no es de nadie.

Si se demuestra el fraude, volveremos a encontrarnos con Europa de frente porque parte de esa pasta gansa fue aportada por la UE. Otro bochorno más que tendremos que asumir y que viene a sumarse al de los fondos desviados de ayuda a la formación de parados andaluces. Luego nos echamos las manos a la cabeza cuando desde el Ejecutivo comunitario se nos señala como uno de los países más corruptos de nuestro entorno.

La solución, si es que existe, está en castigos ejemplares, en evitar que estas cosas se eternicen en los juzgados y, sobre todo, en que lo robado vuelva a las arcas públicas. De chorizos que pasean con las manos en los bolsillos y que no devuelven el trinque estamos todos hasta las narices.