Saludos al MUR

La dotación del Mecanismo Único de Resolución será privada y no se contemplan apalancamientos con aval de los contribuyentes. Además, la mutualización será progresiva, aunque jamás completa. Una vez que se opte por intervenir una entidad (no está definido aún el Consejo de Resolución que tomará la decisión), las pérdidas serán soportadas en último lugar por el MUR, porque antes pagarán los accionistas, los tenedores de deuda, y los depositantes con más de 100.000 euros. Y no habrá un fondo europeo de garantía de depósitos.

Se entiende que los más recelosos, empezando por Alemania, hayan aceptado el trato, porque contiene los costes que una crisis bancaria en un país podrá descargar sobre los demás. Pero conviene saludar al MUR con cautela.

Dos objetivos interrelacionados debían haber sido alcanzados teóricamente: la ruptura del vínculo deuda privada/deuda soberana, y la neutralización del riesgo sistémico. No parecen conquistados, ni mucho menos. La explosión de la deuda pública, de la que España es destacado protagonista, debido a la escasa austeridad de nuestros gobernantes, seguirá pesando sobre la banca, una banca que estará más capitalizada, pero no blindada ante futuras crisis. Sólo un excesivo entusiasmo, o una inadecuada ponderación de riesgos, permitirían concluir que los 55.000 millones que finalmente tendrá el MUR, sin apalancamiento público, bastarán para frenar una crisis financiera sistémica de verdad.