Segunda oportunidad

Existe un acuerdo generalizado, en la comunidad internacional, en que la Administración Obama ha otorgado, en los últimos años, componentes de tranquilidad en las relaciones internacionales, a pesar de lo convulsas y complejas que resultan, habitualmente, estas relaciones. Parece, incluso, que muchos Estados que mantienen estrechas relaciones con los Estados Unidos querían, de nuevo, el triunfo en las elecciones presidenciales de Barack Obama, a pesar de que los gobiernos de esos estados perteneciesen a una línea ideológica diferente a los demócratas estadounidenses. En general, el balance del primer periodo de esta Administración se debe valorar como positivo o, por lo menos, lo que ya es mucho, no ha supuesto un obstáculo para suavizar los conflictos que se producen en la escena internacional y sus consecuencias. La apertura de un nuevo mandato para el presidente norteamericano suscita antiguas y nuevas incógnitas y todo hace pensar que Obama contará con una segunda oportunidad para llevar a cabo lo que él ha denominado la modernización del país. La tarea no va a ser fácil y los inconvenientes se encuentran tanto en la política interna de los Estados Unidos como en sus relaciones con el exterior. Lo que más sorprende de la política interior que lleva a cabo la Administración Obama es el énfasis que se ha puesto en los asuntos de contenido social así como la sensibilidad que ha demostrado frente a problemas que, desde hace tiempo, aquejan a la sociedad norteamericana. Va a ser difícil que, en este segundo mandato, se lleve a cabo un control eficaz del uso de las armas de fuego, pero es seguro que se van a sentar las bases para que esta cuestión quede encauzada para un futuro próximo. La proyección de la ayuda social, el reconocimiento de derechos civiles y los avances reales en la reforma sanitaria serán asuntos que definirán, a la postre, este periodo, en el que se debería ver, con mayor nitidez, la presencia hispana en la política de los Estados Unidos, algo que tanto nos interesa. La situación económica de los Estados Unidos debe ser una prioridad, no sólo para asegurar el buen funcionamiento de la economía norteamericana sino, también, para evitar los contagios en otras zonas del planeta. Pero ahora, también es el momento de poner fin al conflicto afgano y de enfocar, con inteligencia, los eventuales conflictos con Irán. No sabemos qué deparará el futuro más inminente en la sociedad internacional, pero conviene que al frente de la primera potencia mundial esté una Administración que no agudice los conflictos.