Siempre con las víctimas

La Razón
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Hace dos días hemos vuelto a padecer el zarpazo del terrorismo, en Francia y en Túnez, aquí, al lado. Pero no importa la distancia geográfica, un país como España, que ha padecido esta lacra durante más de cuarenta años y como colofón sufrió uno de los atentados más sangrientos del yihadismo, no puede permanecer inane ante esta barbarie. Por ello es importante no caer en el error, muy extendido en nuestro país, de que cuando el terrorista deja de matar, porque ha conseguido parte de sus objetivos, como ha ocurrido con el terrorismo de ETA, tenemos que superar la situación y olvidar el pasado. No y no. No debemos nunca olvidar el pasado y así conseguiremos que no se repita en el futuro. Debemos seguir con una postura enérgica y actualizada día a día, contra cualquier forma de terrorismo, provenga de donde provenga, y sea cualquiera que sea el ideario de sus fanáticos agentes. Matar en nombre de Alá, de Euskadi, de una patria unida, de lo que sea, es repugnante y no lo podemos olvidar. No se puede ni se debe negociar con estos elementos, solo perseguirles y hacer que paguen sus delitos conforme a la ley, ni más ni menos. Por ello, resulta repugnante que algunos consideren que en el fondo lo que late es un conflicto, y que como todo conflicto debemos superarlo con el diálogo. No y no. Con un terrorista solo cabe el diálogo que establece la ley y nada más, de lo contrario estaremos legitimando para el futuro la agresión como forma de reivindicación, y esto nos regresa a la forma más primitiva de entender una sociedad. No se puede estar con los terroristas y con las víctimas a la vez, es imposible, y a la vez es morboso e inaceptable. Sencillamente, una aberración.