Sin palabras

La Razón
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Así quieren muchos a la sociedad: sin palabras. El Gobierno ha dado un ultimátum a los autores diciéndoles que elijan entre cobrar la pensión o los derechos de autor. El no leer lo suficiente tiene estas cosas. No sé en qué piensan cuando hacen leyes absurdas, si visitan el bar, el aseo o están jugando al «candy crash» y se distraen. La pensión de jubilación de una persona se la está pagando esa persona durante 40 años de trabajo. Le corresponde, nadie se la está regalando, al igual que nadie le da opción de no pagarla porque prefiera hacerse una privada. Y los derechos de autor, como su nombre indica, son derechos del autor sobre las obras que ha escrito un autor durante toda su vida, antes de jubilarse, por lo que sólo le corresponde a él.

Excepto que la piratería, en todas sus modalidades, la del Estado también, lo impida. Lo que no debe ser legal es que los políticos, por un breve tiempo de dedicación, tengan una pensión vitalicia. No es que estando en activo no prescindan de privilegios como coches oficiales, iPads, teléfonos, alojamiento, viajes o ayudas económicas, mientras recortan a todos los sectores de la sociedad, es que una vez jubilados, a los políticos hay que seguir manteniéndoles como si fuera inútiles integrales. Se traen un cachondeo con las pensiones que no es normal. Y no sólo con la de los creadores, que es lo que exponen al público para no contarnos toda la verdad, la red de mentiras y embustes que encontraremos todos al jubilarnos, a excepción de los políticos. No me afecta esta medida, me quedan 25 años para jubilarme y quizá por eso puedo escribir de ello sin parecer sospechosa. Pero afectará a todos no poder leer a grandes escritores de más de 65 años. No hay nada tan peligroso como la ignorancia, que nos convierte en mera plastilina en manos de los poderosos. Un país que no lee es inculto, manso y fácil de manipular. A los políticos no les gusta la cultura porque es libertad y por eso intentan amordazarla. Pero lo tienen difícil porque hay tanto de lo que escribir que siempre nos quedarán palabras.