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Tenemos plan

Pocas instalaciones militares tendrán el valor arquitectónico de la sede de la Capitanía General de Sevilla, un suntuoso conjunto de edificios creado por el magín genial de Aníbal González y que cualquier aficionado al cine clásico identificará como el puesto de mando inglés en «Lawrence de Arabia». Su sentido primigenio fue albergar el pabellón de España de la Exposición Iberoamericana de 1929 y hoy acoge el cuartel general de la Fuerza Terrestre (Futer). El 23 de febrero de 1981, mandaba la entonces conocida como II Región Militar el general Pedro Merry Gordon, cuyo sobrino estaba destinado en el Cuarto del Rey en La Zarzuela y difundió un episodio sobre su afición al vaso que ha superado con creces la categoría de leyenda urbana. Uno de los antecesores de Juan Gómez de Salazar, el teniente general que manda desde la capital de Andalucía a 40.000 soldados, protagonizó entre esos muros episodios igualmente chusqueros, pero reales: Pedro Pitarch, promocionado por su amigo Pepe Bono, llegó a recibir clases de baile de sevillanas en su despacho, pues no quería que su viril mostacho quedase deslucido en las casetas de la Feria por mor de unos movimientos de ánade. Pues en este edificio preñado de Historia e historias, se ha diseñado la intervención en Cataluña, por si fuera necesaria. Nadie prevé a día de hoy la solución militar al golpe de Estado, claro que no, pero la obligación del Alto Mando es planear el cumplimiento de sus obligaciones. Porque el mantenimiento de la unidad de España no es para el Ejército una elección, sino un mandato de esa Constitución masivamente aprobada por los catalanes, incluso en mayor medida que la media del país (90% contra 87%). Así de en serio se toman algunos los desafíos de estos politicastros de cuarta.

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