Todos al suelo

Las reacciones ante las medidas anunciadas ayer por el Banco Central Europeo fueron entusiastas, pero también abrieron un flanco inquietante. Por ejemplo, «Expansión» tituló en su edición de internet: «El BCE saca toda la artillería con rebaja de tipos e inyecciones de liquidez». El propio presidente de la institución, Mario Draghi, declaró: «En la práctica diría que hemos alcanzado el suelo hoy». Lo inquietante es que después del suelo no hay nada, y después de sacar toda la artillería, tampoco.

Al parecer, todo deberían ser plácemes. La rebaja de tipos al 0,15 %, el empuje a la facilidad de depósito hacia el terreno negativo, más barra de liquidez y la suspensión de la esterilización de las compras de deuda eran lo que «el mercado» demandaba, entendido «el mercado» por prácticamente todo el mundo... menos Merkel. ¿Qué más se puede pedir? ¿La fiesta del «quantitative easing»? Pues marchando una de QE: ayer anunció el BCE que ya está preparado para comprar activos, en concreto las otrora infames titulizaciones vinculadas a créditos. ¿Quién da más?

Y, sin embargo, subsisten dos problemas de alquimia. El primero es que sigue siendo bastante dudosa, a pesar de que haya perdurado en el campo del dinero. Si usted cree que bastan medidas monetarias para impulsar la prosperidad, igual intenta convertir el plomo en oro. El segundo mal de la alquimia es que no sólo no sirve como sustituto de las medidas que habría que tomar para impulsar el crecimiento, en especial la reducción del gasto, los impuestos y la deuda pública, sino que sirve para demorar y parcelar su adopción, con trucos como el consabido de «¡que viene la deflación!», que prácticamente logra que las masas imploren al BCE que les suba el impuesto inflacionario, cosa que la benévola institución está más que dispuesta a hacer.

Claro, aumentar los precios no es sinónimo de aumentar la prosperidad. François Hollande, cuyas medidas intervencionistas y sus subidas de impuestos han hundido la economía francesa, estaba ayer exultante. Angela Merkel se limitó a «tomar nota». Como casi siempre, conviene atender más a las mujeres.