Turull y el alienígena

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Ata, el supuesto alienígena de 15 centímetros de alto y enorme cráneo, encontrado en 2003 en el desierto de Atacama, ha dejado de ser un misterio. El análisis de su genoma ha demostrado que fue una niña mestiza que padeció diversas mutaciones, algunas de ellas desconocidas hasta la fecha. Jordi Turull, aquel ex conseller que cruzaba el hemiciclo del Parlament con el móvil sostenido por ambas manos para que Puigdemont pudiera felicitar a Roger Torrent, tampoco es ya ningún candidato. En verdad nunca lo fue, pero mucho menos desde que la CUP decidió no apoyarle.
La CUP, esa formación anticapitalista que decide los destinos de Cataluña desde hace años, ya advirtió poco antes de que comenzara el pleno de que sus cuatro diputados se abstendrían en la investidura de Turull.
Sus argumentos son impecables –para ellos, claro– al sostener que no pueden condicionar su acción política a la «acción represiva del Estado» ni a las decisiones que tome el juez Llarena. Naturalmente, esta decisión deja a Turull sin el ADN presidencial que pensaba ostentar hoy ante Pablo Llarena. Una mutación decisiva que veremos cómo cristaliza.
La parte positiva es que la vida se abre camino. Esta sesión fallida pondrá en marcha el reloj de la investidura; y si en dos meses no se elige presidente, habrá que repetir las elecciones. Y entonces, ¿por qué Junts per Catalunya y Esquerra Republicana pusieron en marcha este pleno sin tener garantizados los votos de la CUP? Son misterios de la naturaleza que sólo el tiempo consigue desvelar. Hoy la investigación se ha trasladado desde el Parlament hasta el Supremo. Un laboratorio donde las verdades se comprueban en toda su magnitud. Allí ya no habrá misterios, y la verdad alienígena será mostrada en todo su esplendor. Cuestión de tiempo.