Un acto de fe

Que la economía anda mejor que hace un año, cuando Rajoy cerraba el curso político anterior, es algo innegable. Ahí están para demostrarlo la bajada del paro y de la prima de riesgo, por un lado, y la subida del PIB, por otro. Que esa mejoría se ha trasladado algo a las economías familiares también es evidente, porque estamos gastando más y el consumo se ha recuperado. Sin embargo, es necesario que esa sensación llegue más al ciudadano de a pie y a la sufrida y amplia clase media. Dicen desde el Gobierno que eso se notará en los próximos meses y que a ello contribuirá la reforma fiscal aprobada ayer, porque dejará más dinero en manos de los contribuyentes –vía IRPF– y de las pequeñas y medianas empresa –vía descenso del Impuesto de Sociedades–. Sin embargo, eso es algo que está por ver. Para creer en ello hace falta realizar un acto de fe muy grande, a la vista de las críticas generalizadas que han cosechado los textos preparados por Montoro y también las diferentes valoraciones que han hecho los expertos. La pregunta es doble: una, ¿vamos a tener los españoles menos presión fiscal que hasta ahora?; dos, ¿la carga de los contribuyentes será menor que la existente a final de la «era Zapatero»? Rajoy y el PP se juegan mucho en este envite, porque, desde el punto de vista fiscal, han gobernado de espaldas a un núcleo importante de las capas que apoyaron al citado grupo político. Esos votantes, de clases medias sobre todo, necesitan notar en sus bolsillos que la mejoría ha llegado y que sus sacrificios han servido para algo. En caso contrario, el PP podría pasarlo muy mal en las próximas citas electorales.