Un madrileño en la final

La Razón
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Las casas de apuestas han hecho sus predicciones nada más conocer el sorteo: el Madrid eliminará al Atlético y la Juve alzará el trofeo en Cardiff después de zumbar al Mónaco, para empezar, y al Real, para terminar. Apaga y vámonos, pensarán quienes lo fían todo a esos pronósticos que, no obstante y en no pocas ocasiones, compiten con los meteorológicos: va a llover en el tercio norte, donde ese día luce un sol espléndido. Para meteorólogos precisos, los de Flushing Meadows (los del Abierto de Estados Unidos), que anuncian chaparrón para las 15:05 y a las 15:03 ya empieza a chispear.

Desde que a Simeone le contrató el Atlético para entrenarlo, su obsesión es la Liga de Campeones, la copa que falta en sus vitrinas. Mantiene la ilusión intacta, pese a los directos a la mandíbula que le atizó el Madrid, en Lisboa y en Milán, y no le arredra que el destino haya vuelto a enfrentarlos, ahora en una semifinal. El campeón es favorito, por su condición y porque esta temporada, en Liga, ganó en el Calderón (0-3) y empató en el Bernabéu (1-1). Sin embargo, los subcampeones están convencidos de que a dos partidos multiplican sus posibilidades.

El Atlético es «trabajo» y el Madrid, «clase», según Ian Rush, cuya mano inocente los emparejó. El 10 de mayo, a eso de las once de la noche, si no hay prórroga ni penaltis –estigmas del Cholo–, se sabrá qué equipo madrileño jugará el 3 de junio en Gales. El pulso, disciplina o talento. Sobre el otro finalista hay menos dudas, será la Juventus, paradigma de escuadra «organizada», en perjuicio del Mónaco, «juventud sin miedo».