Un triunfo histórico

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Lo anunciaban las encuestas y lo confirmaron las urnas. La gente también lo decía en la calle. En Barcelona claro, porque es donde la gente puede decir lo que piensa sin miedo a que tachen de fachas o amigos de Rajoy.

Y ha ganado Arrimadas por varios motivos. El primero porque hizo una firme oposición. Se curtió en un Parlament sedicioso; con unos diputados que eran más agitadores que otra cosa; y en una legislatura cuyo único programa era separarse de España. Allí empezó su crecimiento y proyección. Mientras Rivera se aventuraba cada vez más por los madriles, Arrimadas se fajaba en un día a día que no daba tregua. Fue decisiva. Omnipresente. Contundente. Mientras Rajoy lanzaba advertencias a la Generalitat, Arrimadas las lanzaba desde el Parlament. Y lo segundo, aunque no fue tan efectivo como el 155, a la postre fue clave en las elecciones.

Pero antes de analizar los resultados hagamos un parón en la campaña. Una campaña clarificadora para Ciudadanos. Y lo fue porque supo vender como ningún otro partido su defensa de la legalidad, su distancia con la corrupción –que ha pringado al resto de los partidos catalanes– y, sobre todo, su juventud. En este punto hay que volver a detenerse en la candidata. Casi todos los partidos del arco parlamentario venían con una mochila cargada de pasado, del peor pasado. Y los líderes que los presentaban también. Había quizá una excepción, Marta Rovira, la número uno de ERC. Sin embargo, muy pronto nos dimos cuenta de que era una candidata tan débil que consiguió entregar la bandera del independentismo a un huido Puigdemont. Pues bien, Arrimadas se quedó sola entre aquel grupo de líderes cambiantes en función de los debates o mítines. Hacia Arrimadas se dirigían todas las acusaciones, los dardos antiindependentistas... ¡todo! Hasta parecía que ella hubiera puesto en marcha el 155. Pero aquella presión no solo no la tumbó sino que la hizo crecer aun más. Y vamos con los resultados.

He escuchado muchos análisis. Todos coinciden en el triunfo en votos y escaños de Ciudadanos que tantas encuestas negaban. Ha sido un triunfo sólo empañado por la mayoría independentista. En ese bloque no ha habido defecciones. Es verdad que Cs se ha comido al PSC y al PP. Y tiene lógica. Pero el voto soberanista apenas se ha movido. La Cataluña rural sigue amparando a sus antiguos dirigentes, aunque estuvieran encarcelados o huidos. Pero ¡cuidado! Algo muy importante ha sucedido.

Es la primera vez que un partido no nacionalista ni independentista gana las elecciones autonómicas en Cataluña. Y aunque el triunfo en escaños es ajustado, en votos es muy superior. Y este cambio marca una tendencia. Una tendencia que ya arrancó hace unos años, pero que ha tenido una progresión rapidísima, especialmente en las ciudades y barrios obreros donde arrasaba el PSC y la burguesía independentista. Por eso, si alguien cree que las cosas siguen igual, es que está ciego. Ha sido un triunfo histórico de verdad.