Una oportunidad para Oriente Medio (II)

Hace unos días expuse en otra Tribuna mi creencia de porqué nos podríamos encontrar ante una oportunidad histórica para lograr una paz duradera en Oriente Medio (OM). Me arriesgue entonces con aquellas opiniones –dadas las pasiones en juego– y aún más lo voy hacer ahora pues intento especular cómo podría lograrse un acuerdo para alcanzarla.

Por muy llamativas que sean últimamente las acciones aisladas de los terroristas islamistas –especialmente en países occidentales- mucha más transcendencia tienen cuando son apoyadas por los recursos de una nación establecida. De hecho el IS/Daesh evoluciono desde una organización terrorista clásica hacia estructuras de estado, aunque manteniendo tácticas hibridas.

En OM hay dos naciones ancestrales: Turquía y el actual Irán, la antigua Persia. El resto procede básicamente de la división del imperio otomano –de los acuerdos Sykes-Picot– a la terminación Primera Guerra Mundial. Seria complejo desarrollar aquí que principios inspiraron dicha división, pero lo que sí cabe afirmar es que la religión practicada por los súbditos de las nuevas naciones no fue uno de ellos. La forma de reverenciar a Alláh y quienes eran los sucesores legítimos del Profeta, estuvieron básicamente ausentes de la construcción política original. Los regímenes iniciales en Irak, Siria, Líbano y Yemen cayeron pronto, ensayándose gobiernos «casi» laicos que enseguida entraron en conflictos internos o entre ellos. Posteriormente, el factor religioso volvió con fuerza tras la caída del Sha iraní y la subsiguiente guerra -que duro ocho años- contra el régimen laico de Sadam Hussein. Arabia Saudita ha estado durante muchos años exportando un wahabismo radical y a la larga contraproducente, incluso para la propia casa de Saud. Las más recientes manifestaciones del factor religioso son la evolución del régimen progresivamente islamista en Turquía y la súbita aparición del IS/Daesh con su brutal intento de borrar la frontera entre Irak y Siria. Este regreso de la religión mahometana a la escena política –distinto en cada lugar– ha tenido un único factor común: su anti occidentalismo.

Creo que hay que reconocer que históricamente todos los intentos occidentales de estabilizar o intervenir en el OM sin tener en cuenta dicho factor religioso han fracasado. Habría que probar otra cosa. Favorecer que en el futuro sean las potencias de la región –teniendo en cuenta desde luego el factor religioso común a ambas– las que acuerden una forma estable de convivencia futura.

Las tres naciones líderes del OM –Turquía, Irán y Arabia Saudita– son las entidades más poderosas que representan en alto grado a los sunníes y chiitas de la zona. A su vez están constituidas con un grado de relativa homogeneidad étnica o racial. Juntas podemos decir que agrupan el núcleo de dos de las religiones y tres razas (2R+3R=5R) mayoritarias en OM. Si lograran asociarse para estabilizar la región –limitando su intolerancia mutua y esperemos que también la que muestran ante las otras minorías– sería un logro altamente positivo. Esta finalidad común tendrá inevitablemente que ser equilibrada al acomodar sensibilidades y creencias tan diferentes.

Desde luego que con los 5R no se agotan todas las etnias, culturas y religiones de la región. Por ejemplo hay también kurdos, cristianos y yazidíes cuya vida, bienes y creencias habría –de manera esencial– que garantizar. La supervivencia de Israel debería igualmente quedar asegurada. Si los 5R acuerdan una solución para la convivencia interna en los actuales Irak, Siria, Yemen y Líbano, esta sería lógicamente equilibrada y ejecutable. Especialmente habrá que usar mucha generosidad e imaginación con los kurdos que están básicamente fuera de los 5R pero que necesitan un lugar seguro en esta hipotética nueva paz tanto o más que los otros grupos.

Cualquier proceso análogo al que sin duda con torpes brochazos he tratado de describir es indudablemente difícil y peligroso. Necesita garantías. La única nación que veo con posibilidad para ofrecerlas, con presencia militar en la zona, y con suficiente motivación (=replegarse cuando la estabilidad esté asegurada), son los EEUU. Así que lo que propongo seria inicialmente un 5R+1G (el garantizador), por lo menos hasta que la tormenta de pasiones se haya calmado.

Creo ser consciente de las enormes dificultades de lo que estoy sugiriendo y de cuantos interesados –naciones, organizaciones y grupos de presión- quedarían inicialmente fuera de un esquema como el señalado. Pero las cosas difíciles hay que arreglarlas entre pocos. Más bien entre los imprescindibles.

Habría que dar una oportunidad a los 5R para demostrar que el Islam puede llegar a practicar la tolerancia, generosidad y misericordia propia de una religión de nuestros tiempos. Mancomunada y equilibradamente, para neutralizar fanatismos. Que no aspiran al liderazgo en solitario –al concepto sunní del califato– ni a su expansión violenta más allá del OM.

¿Comprenden ahora lo que decía al principio sobre los riesgos que implican estas ideas? Pero y si fueran factibles ¿no merecería la pena arriesgarse?