Vísperas de Triana en Madrid

La Razón
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Pocos conceptos son más inaprensibles para el magín de los no andaluces, y si me apuran de los no sevillanos, como el de «las vísperas». Restan dos semanas para que se entierre la sardina y las cenizas inauguren la Cuaresma, tiempo litúrgico de recogimiento que paradójicamente convierten nuestros capillitas meridionales en su más expansivo momento de esplendor: algo así como unos largos preliminares de lo que será, a partir del Domingo de Ramos, el clímax de la berrea cofrade. La política urgentísima, sin embargo, quema etapas al ritmo vertiginoso que impone la insustancialidad (cuando los discursos se reducen a eslóganes, pierden vigencia enseguida) y no está mediado febrero cuando Susana Díaz se presenta, hoy mismo, en la capital endomingada como sólo sabe hacerlo una trianera de pro en vísperas. En vísperas de qué, aún no lo sabemos, pero el código de sevillanía impone unos preparativos harto más enjundiosos que la ocasión misma y por eso se ha acarreado hasta Madrid, en docenas de autobuses, a una multitud de figurantes que escucharán, según se filtra por todos los intersticios del PSOE-A, cómo la presidenta insinúa (o no) que tal vez (o no) se esté pensado (o no) que a lo mejor (o no) aspiraría a la secretaría general en un anuncio que quizá (o no) hará después del 28-F, o puede que antes aunque también puede que nunca y es posible que todavía no lo haya decidido del todo. O no. «Visperismo» en estado puro, como pueden comprobar, porque de lo que se trata es de hacer mucho ruido sin que nadie comprenda gran cosa, si bien queda clarísimo que el municipalismo sociata, el partido en su vertiente institucional y orgánica, tiene clara su posición en las primarias, si finalmente las hubiere. Poderoso Caballero es don Abel, reza el proverbio.