Editorial

Criminalizar al rival adultera la democracia

Moncloa no ha explicado a la opinión pública con qué respaldos cuenta para seguir en la Presidencia. Ese buscaré «votos hasta debajo de las piedras» llega con ecos de verborrea y nadería

Los tiempos políticos progresan en medio de una tensión entre los partidos tornada ya en crispación. Hace tiempo que los saludables usos y costumbres de una democracia se perdieron en el sumidero de esa izquierda que ha proclamado en varias ocasiones que la derecha nunca gobernará de nuevo la nación, que ha sido una arenga coactiva contra el adversario, pero sobre todo contra la soberanía del pueblo español. Ha sido una declaración de intenciones que podría ser un lapsus o una bravata si fuera cosa de un instante, pero que ha retratado una pulsión intolerable cuando se repite en un régimen de pluralismo ideológico. El plan sanchista nunca ha consistido en convencer a una mayoría social con una acción de gobierno eficaz y atractiva, sino en concentrar estrategia y esfuerzos en anular a la alternativa para que la alternancia fuera inviable, y volar con ello un fundamento crítico del estado de derecho. Los últimos cinco años han sido una constante del sanchismo en un proceso que hoy se pone de manifiesto de manera descarnada después de su derrota en las elecciones generales. A día de hoy Pedro Sánchez aún no ha felicitado a Alberto Núñez Feijóo por el triunfo del Partido Popular, con sus más de ocho millones de votos. No ha sido casualidad, por supuesto. Como tampoco lo ha sido que Moncloa se haya esforzado tanto en torpedear la candidatura de Alberto Núñez Feijóo a la investidura como presidente del Gobierno, incluso después de su designación por el Rey. El jefe del Ejecutivo en funciones ha deslegitimado al líder del PP como futuro inquilino de la Moncloa, con un repertorio de reproches, acusaciones e insultos que, por supuesto, ha transformado en lisonjas para los separatistas catalanes, los legatarios de ETA y los golpistas prófugos. Ha censurado de paso las movilizaciones ciudadanas contra la amnistía ilegal a los encausados por el procés, el mayor ataque contra la Constitución y el Estado desde el poder en la historia de la democracia, porque el sanchismo es intolerante a la libertad y a todo derecho fundamental que no sea otorgado o controlado por el poder absoluto. En medio de toda esta bronca y toxicidad emanadas por los socialistas y sus cómplices, Moncloa no ha explicado a la opinión pública con qué respaldos cuenta para seguir en la Presidencia. Ese buscaré «votos hasta debajo de las piedras» y que el PSOE cumple y cumplirá con la Constitución llega con ecos de verborrea y nadería. Sánchez acumula más fallos de inconstitucionalidad que ningún otro presidente y catalogarlo como un peligro para la norma fundamental es describir a quien se rodea de los principales enemigos de la España en libertad e igualdad. Puede que el líder del PSOE dé por hecha su investidura, porque su ambición de poder no mide medios ni consecuencias, pero todavía no cuenta con los 176 escaños. Si así fuera, el afán por neutralizar a la oposición y criminalizar a Feijóo resultaría redundante. Veremos.