Opinión

Cs debe centrarse y asumir su rol

La Razón
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A medida que los días avanzan y se cubren fechas hacia el límite de la formación de los gobiernos autonómicos y municipales, las disputas se embarullan y las tensiones se aceran. La posibilidad de componer mayorías de centroderecha para garantizar ejecutivos estables alternativos a la izquierda está topando con más obstáculos de los que la lógica aconsejaba. Ciudadanos, que es obviamente un actor indispensable en ese propósito, ha decidido enrocarse en exigencias que nada tienen que ver con contenidos programáticos, que debieran ser su prioridad pues son también la de los ciudadanos, sino con retóricas ensoberbecidas y hoscas. No está nada claro que estemos ante la habitual y esperable dramaturgia de los políticos en periodo de pactos y sí ante la consecuencia de una pesada digestión de los escasos e insatisfactorios resultados de las elecciones del 26 de mayo que supusieron una ducha fría respecto del encomiable avance de las generales del 28-A. Esa estrategia de gélido distanciamiento respecto del PP y de exclusión y prejuicio sobre Vox tiene un recorrido confuso y objetable en la medida que retrata las dificultades del partido para reconocerse en el tablero político e identificar con claridad su posición sin desnortarse. Hay sobrados ejemplos de ello. Tal vez el más significativo sea el que ayer se puso de manifiesto en los contactos entre populares y naranjas sobre el Ayuntamiento de Madrid. Pretenden que Begoña Villacís sea la nueva alcaldesa después de que fueran incapaces de comprometerse a cerrar la candidatura de José Luis Martínez Almeida como primer edil de la capital. De nuevo, como ocurrió en la Junta de Andalucía cuando Juan Marín se autoproclamó casi presidente del territorio la noche electoral, Cs quiere correr más lejos y más deprisa que sus resultados y eso es atropellar los equilibrios y los cauces de la democracia representativa. Los electores ponen y quitan, sitúan a cada uno de los elegidos en un determinada emplazamiento y confieren un específico rol. Villacís, con notables cualidades y un presente ilusionante, fue la líder de la tercera lista más votada, a sustancial distancia de la primera entre las siglas de centroderecha. Achicar ese espacio electoral diferencial hasta eliminarlo parece arrogante y poco respetuoso con la voluntad ciudadana. De igual forma, y por muy legítima que resulte la ambición de Albert Rivera de postularse como el líder de la oposición a Pedro Sánchez, la realidad es que los números, esto es, los votos, no refrendan sus aspiraciones y que, en ese sentido, el balance de los últimos comicios locales, autonómicos y europeos fue frustrante en cuanto que la diferencia de 200.000 votos con el PP de las generales del 28A se disparó hasta más de tres millones el 26M. El sorpasso se evaporó en cuatro semanas. Aunque no es sencillo recomponerse y modular las ínfulas, suponemos y esperamos que Ciudadanos temple su estrategia y sea capaz, con los pies ya en la tierra, de entender y asumir la relevancia de su posición en términos justos y realistas para sumar mayorías liberales alternativas a la izquierda y condicionar políticas de progreso y bienestar con los buenos cuadros de los que dispone. En ese propósito, el partido naranja puede actuar en positivo y ponerse en valor ante los votantes. Está obligado a calcular y madurar las consecuencias de tacticismos erráticos que favorecieran mayorías socialistas e incluso populistas en plazas principales. La memoria del elector no es fácilmente adulterable y suele ser más contumaz de lo que quisieran los políticos cuando se trata de pasar facturas al cobro en las urnas. Toca avanzar sin prejuicios ni vetos. Ayer, PP y Vox anunciaron un «principio de acuerdo» para gobernar ayuntamientos donde alcancen mayoría. Es el camino para rubricar certidumbre y estabilidad. Cs debe entender que morir de éxito es morir.