Opinión

Duran abandona a Mas

La Razón
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Duran Lleida anunció ayer que deja la Secretaría General de CiU, una decisión que, aunque esperada desde hace tiempo, tiene en estos momentos una lectura política de capital importancia. Aunque ha desvinculado su marcha por sus diferencias con Artur Mas sobre la consulta independentista, conviene reconstruir los hechos para comprender que en estos momentos no hay decisión política de calado que se tome en Cataluña que no tenga que ver con el proceso independentista. El escenario es el siguiente: la marcha de Duran se produce días antes de la entrevista de Mas con Mariano Rajoy y a menos de cuatro meses de la consulta soberanista del 9 de noviembre. Es comprensible que Duran quiera minimizar los daños que su postura pueda ocasionar a su partido, a la federación nacionalista, incluso a Mas, pero los hechos hablan por sí solos. Que en el momento clave del proceso abierto por el nacionalismo catalán para separarse del resto de España el número dos del partido que encabeza este desafío deje su cargo sólo cabe interpretarse como la culminación de un distanciamiento con la estrategia seguida, de la que él, por cierto, participaba cada vez menos. Duran Lleida es un político experimentado, que ha sabido fraguar relaciones sólidas y de confianza mutua con Madrid, algo que le permitía convertirse en un interlocutor preferente para los temas de Cataluña. Era el hombre perfecto para llegar a acuerdos. Mientras las relaciones entre CiU y los diferentes gobiernos españoles, con el PP o con el PSOE, eran de entendimiento y colaboración, su papel fue valorado, hasta que el núcleo de nuevos dirigentes independentistas que rodean a Mas lo empezaron a consideran un estorbo para su estrategia de confrontación directa. Dos hechos recientes han forzado la siempre complicada relación entre Convergència de Mas y la Unió de Duran: la abstención del Grupo Parlamentario Catalán en la votación sobre la Ley de abdicación del Rey –que escenificó el no retorno a la senda del catalanismo moderado– y la tentativa de Mas para concurrir a las Elecciones Europeas con ERC, lo que suponía un cambio de socio y, además, con un componente de castigo contra Duran, pues elegir de socio prioritario a los republicanos abría el peor escenario posible para Unió. Hace unos meses patrocinó la llamada «tercera vía» como solución para frenar el independentismo, pero, además de presentar aspectos muy inconcretos (como las competencias que requerirían ser blindadas tras una reforma constitucional...), su paso se produjo demasiado tarde, sin posibilidad de articular una opción convincente que agrupase a las fuerza políticas constitucionalistas. En este sentido, Duran Lleida puede ser considerado una víctima más de un proceso independentista que ha apostado por una sola carta, pase lo que pase, y por encima de quien haga falta.